sábado, 14 de febrero de 2015

XV --> Modelos


Te invito a un café
- Listo profe.

--Yo voy con ustedes.

Obvio, mi candidato a novio no me iba a permitir salir sola con el profe que claramente me estaba echando los perros desde el primer día. El semestre ya terminaba y a mí me parecía la mar de entretenido. Toda una eminencia hacía tremer de celos al galán.

¿Te puedo decir algo?
-¡Claro!

(y ojo a ésto)

"Tu naciste en la época y el lugar que no era... Serías una diosa en Taipéi. Una diva en los sesentas"

Todo un piropo viniendo de uno de los más prestigiosos periodistas de este país. Por mi parte, solo risas ante semejante ocurrencia.





Entre tanta cosa que rola por las redes, me topé con este vídeo que recuerda cómo nos hemos ido acostumbrando a diferentes estereotipos de belleza. Ajustamos nuestra mente para pretender que nuestros cuerpos sean como los que vemos en la publicidad que nos invade. Y nuestra realidad es otra. Nuestra genética determina cómo somos  y hasta dónde podemos llegar. El resto, una poca de bisturí. Para las perfecciones, rezar porque no queda de otra.

Hay quienes desean arriesgarse y romper los esquemas. Tantos y tantos prototipos que se implantan como cualquier otro producto de consumo masivo. Algun@s triunfan, otr@s no. A veces me pregunto qué hace falta para convertirme en modelo de tallas grandes. Luego recuerdo que ya lo fui.

Esta es una de esas anécdotas que pocas personas saben de mí. Hace algunos años, una amiga diseñadora organizaba un "Fashion Show" para promover empresas bogotanas, patrocinadas por la Alcaldía y la Cámara de Comercio. El día antes de su gran día, la modelo de pasarela de tallas grandes le canceló. Abatida, y sin muchas opciones en su agenda de modelos de talla 14, me llamó. Tras varios argumentos acudiendo a nuestra amistad, accedí. Y ahí estaba yo unas horas después, ensayando en una pasarela de varios metros de largo en el Hotel Tequendama, llena de focos de luz, cámaras, meseros y una audiencia de más de cien personas. En esa ocasión, tuve siete salidas con la ropa de tres empresas que fabrican productos para tallas "grandes".

Aparentemente lo hice tan bien, que al final del evento, ya haciendo vida social en el cóctel, me buscaron de dos agencias de modelaje para pedirme mi tarjeta. Ninguno creyó que no lo hacía de manera profesional y que era la primera vez que me encaramaba en una tarima para hacerlo. Yo, divertida, me hice la loca y me fui. Fue una gran noche. De hecho, por ahí debe haber evidencia en fotos y un vídeo del magno evento. Para mi fortuna, no sé dónde, ni tengo copias.

Cuando veo vídeos como éste o noticias como las de las modelos de tallas grandes, siempre recuerdo al profe. Probablemente sería una diva en décadas pasadas. Pero hoy, aquí y ahora, ya me siento como una. Y creo que siempre lo he sido. Mis credenciales de modelo de pasarela así lo ratifican. ;)
Ojalá todos estuviéramos satisfechos con lo que tenemos. Somos una creación maravillosa en cada célula de nuestro cuerpo. Adiós estereotipos. Bienvenido todo modelo a seguir de una vida saludable.






domingo, 8 de febrero de 2015

XIV --> Soltar

Cuando se eleva una cometa, si se sostiene muy fuerte la cuerda, lo más probable es que al poco tiempo la cometa se caiga; si se suelta mucho, puede que se pierda en el aire. Esta metáfora me la enseñó mi papá a mis tiernos 18 años para explicarme por qué me reprendía tan severamente con el fin de que terminara una relación con mi adorado tormento de la adolescencia. Y creo que para darme una lección de toma de decisiones porque ya era mi hora de hacerlo, dado que él ya no podía hacerlo más por mí.

Crecer es muy duro. Lo es desde pequeños y es una sensación que no abandona. Todo lo que nos parecía bueno y perfecto, va cambiando de formas tales que a veces ya ni lo reconocemos. La cometa se eleva en muchos aspectos. El ejemplo más cercano son los amigos: los hay de toda la vida, de momentos especiales, los rateros (a ratos sí lo son, a ratos no); los que sin hablarse o verse siempre estarán ahí como si el tiempo no pasara. Los que aún lejos, siempre están cerca. Los que algún día lo fueron y ya no. Todo cambia y nosotros a la par.

Parte de mis excesivas carnes está asociada, desde el lado espiritual, a todo lo que acumulo. Aparentemente no soy buena para decir en la cara lo que pienso y siento y me la paso tragándome todo. ¿Se imaginan? O soy una actriz profesional que aparenta siempre estar feliz y tranquila, llevar una vida deliciosa, mientras los problemas me carcomen como una enfermedad silenciosa.  Aparentemente me carcomo con mucho de lo que pienso y siento. Así, como una cometa en pleno agosto, tranquila, serena, indiferente en el cielo. De ahí que parte del año pasado, me la hubiera pasado entre la cama, urgencias y los laboratorios, para finalmente saber que no tenía nada. Y tenía de todo.

Parte de mi terapia es sacar esos sentimientos de mí y enviarlos a la luz, ofrecérselos a Dios o al Universo. Suena fácil, pero no lo es. Identificar el más esencial de todos los sentimientos cada vez que me salgo de mis casillas, que no es poco, me lleva siempre al mismo lugar: rabia o dolor. Pero si hago bien el ejercicio, sufro de tantos egos como existen: inseguridad, impotencia, envidia, egocentrismo, juicio, incapacidad, soberbia, culpa y tantos otros martirios. A todos los quiero sacar de mí, a todos los quiero fuera de mi vida. Todos me invaden y todos me acompañan día y noche, noche y día. Ojalá se fueran cual cometa...

El trabajo al que me dedico no ayuda. El momento de mi vida en el que estoy tampoco. Pero acá estamos, intentando ser cada día la mejor versión de mi misma. Es curioso cómo la vida nos va mostrando el camino. En las capacitaciones del trabajo, termino aprendiendo de inteligencia emocional en la misma semana en la que inicio la terapia de soltar. Días después pasan cosas en mi vida que me obligan a soltar. Suelto y crezco. Al menos eso deseo.

Sostengo y suelto mi propia vida de cometa. No quiero irme del todo, tampoco caer. Es difícil encontrar la justa medida, el punto medio, el momento exacto en el que debo soltar o debo retener. Seguro fallaré en el intento. No importa, volveré a correr para hacerla volar, que es lo que importa y donde quiero que esté. El cielo es azul e inmenso, tanto como la vida misma. Y crecer, crecer no es nada fácil.