Grito de dolor como si me atravesaran el pecho con una antorcha de púas en llamas. Me falta el aire pero solo puedo pensar en el dolor. Lo que me ha traído hasta aquí es un cúmulo de hechos que creo inconexos, de palabras sin decir, de los besos que no dí y del amor que entregué de más. Intento identificar una sola cosa, mi causa raíz, pero un solo árbol no forma este bosque enmarañado de mi cabeza, tripas y corazón.
Grito e intento respirar. El compás acelerado de mi corazón se oculta tras pensamientos más urgentes que el sentir. Libero en cada soplo, con cada lágrima, todo el baloto que cargo acumulado entre pecho y espalda. Llevo varios días en terapias intensas que hacen sanar mi cuerpo, mi mente y mi corazón. Reto a mi cuerpo cada día y confirmo que estoy hecha de acero. Pero el cambio apenas inicia. Estoy partiendo de ceros.
Este llanto desencajado cesa al ritmo de mi respiración. De fondo oigo los quejidos, las respiraciones y llantos de los demás. La voz de nuestra terapeuta nos devuelve poco a poco a la calma. Vuelvo en mí, agotada, rendida, pero mucho más liviana. Terminamos la terapia de respiración ovárica renaciendo de nuestros propios vientres, abortando todo aquello que no queremos más en nuestras vidas y procreando todo lo que a partir de ahora seremos.
Arden los ojos tras el llanto. Qué mejor manera de dormir, liviana y serena. Respiro. Ya no hay tanto dolor. Respiro.
Este es un espacio para la reflexión propia y de quien lo quiera leer. Para que se haga evidente la lucha de quienes vinimos a este mundo cargando más de lo que debemos y quienes nos hemos cargado con más de lo que debíamos. Físico o etéreo.
sábado, 10 de enero de 2015
jueves, 8 de enero de 2015
V --> #Day 6 :: De enemas y otros demonios
El día comenzó muy pronto con un delicioso enema. En esta ocasión, mucho más leve que el primero, gracias quizá a que no hemos tenido nada sólido encima, solo líquidos. Quisiera pensar que es eso y no que la zona se acostumbró. También por la grata compañía. Sí señores, mi compañera de enema se encargó de entretenerme con una entrevista a profundidad sobre mi vida y obras hasta estos veinticatorces, que como ya se sabe para estas lunas, no son pocas. Tranquilos, estábamos en camillas separadas por un biombo. Nada más escatológico que este momento de sinceridad y sufrimiento.
La caminata inició tras el primer jugo de la mañana, rumbo a la laguna. Un terreno bastante inestable y empastado nos obligó a caminar con mucho cuidado entre la naturaleza, la maleza y la pereza. Los bichos y los quejidos geriátricos ambientaron el paseo por el húmedo y embarrado camino.
El cuerpo duele. Del pelo a la planta de los pies. Han sido unos días intensos que nos han sacado de nuestras rutinas para sumergirnos en este cambio de vida tan radical. Estamos deconstruyendo el templo de males que por años hemos erguido. Hacemos la rutina de ejercicios a la orilla de la laguna, disfrutando el majestuoso paisaje. El aire es puro. el cansancio, también.
La caminata se extiende por parajes preciosos de verdes espesos en todas sus variedades. El ruido de las muchas cascadas y riachuelos que limitan el lugar irrumpe con nuestras respiraciones agitadas y el sudor de todo nuestro esfuerzo.
Es difícil no pensar en tantos errores y en todo lo que nos ha traído hasta aquí, hasta este lugar en este preciso momento. Cada uno con su historia. Cada quien con sus motivos. Cada quien resarciendo su propio calvario.
Llegamos a la cima por fin. Me tiendo cuan larga y ancha soy sobre el césped aún húmedo por la tormenta de anoche. Miro al cielo y dejo que el sol me irradie toda su energía. Seguimos con nuestras clases de nutrición y por supuesto, todos rajados. Y no es para menos, con la mano en el considere, comemos fatal en cantidad y calidad. Nos hemos acostumbrado a todo lo que nos hace daño. Y lo disfrutamos.
Caminamos por el huerto orgánico de la finca y hacemos la ruta de la alimentación, montaña arriba y montaña abajo. Aprender es poco frente la constante mención de comidas deliciosas, de esas que no veré ni en pintura, al tiempo que seguimos en una estricta dieta líquida. Este día sin duda, es uno de los más difíciles.
Clase de yoga, película y a dormir, agotados por la doble caminata. Un día más que termina. Tantos más por delante.
La caminata inició tras el primer jugo de la mañana, rumbo a la laguna. Un terreno bastante inestable y empastado nos obligó a caminar con mucho cuidado entre la naturaleza, la maleza y la pereza. Los bichos y los quejidos geriátricos ambientaron el paseo por el húmedo y embarrado camino.
El cuerpo duele. Del pelo a la planta de los pies. Han sido unos días intensos que nos han sacado de nuestras rutinas para sumergirnos en este cambio de vida tan radical. Estamos deconstruyendo el templo de males que por años hemos erguido. Hacemos la rutina de ejercicios a la orilla de la laguna, disfrutando el majestuoso paisaje. El aire es puro. el cansancio, también.
La caminata se extiende por parajes preciosos de verdes espesos en todas sus variedades. El ruido de las muchas cascadas y riachuelos que limitan el lugar irrumpe con nuestras respiraciones agitadas y el sudor de todo nuestro esfuerzo.
Es difícil no pensar en tantos errores y en todo lo que nos ha traído hasta aquí, hasta este lugar en este preciso momento. Cada uno con su historia. Cada quien con sus motivos. Cada quien resarciendo su propio calvario.
Llegamos a la cima por fin. Me tiendo cuan larga y ancha soy sobre el césped aún húmedo por la tormenta de anoche. Miro al cielo y dejo que el sol me irradie toda su energía. Seguimos con nuestras clases de nutrición y por supuesto, todos rajados. Y no es para menos, con la mano en el considere, comemos fatal en cantidad y calidad. Nos hemos acostumbrado a todo lo que nos hace daño. Y lo disfrutamos.
Caminamos por el huerto orgánico de la finca y hacemos la ruta de la alimentación, montaña arriba y montaña abajo. Aprender es poco frente la constante mención de comidas deliciosas, de esas que no veré ni en pintura, al tiempo que seguimos en una estricta dieta líquida. Este día sin duda, es uno de los más difíciles.
Clase de yoga, película y a dormir, agotados por la doble caminata. Un día más que termina. Tantos más por delante.
IV --> #Día5 #ReduFaFa
Recostada en la banca de los músicos intento dormir las horas robadas por las preocupaciones de una semana de ausencia en mi oficina. Dejar todo listo y partir en una época tan congestionada no es tarea fácil. Voy en una camioneta con 6 incautos más rumbo a las afueras de Bogotá. Desconexión total. Desintoxicación al 100.
Poco pude revisar del material que nos enviaron con las indicaciones para esta travesía. Empaqué cuanto ropa deportiva encontré en mi armario, y tras las compras consabidas de todo lo que me faltaba, me lancé de cabeza a esta aventura incierta pero emocionante.
La mañana inició muy pronto en la clínica. Tras un par de batidos verdes como el Amazonas, nos invitaron al ejercicio y el sudor. Allí nos hablaban de la importancia de meterle candela a todo el cuerpito, con orden y técnica, mientras mi yo interno no paraba de preguntarme qué hacía ahí. Total, ya estaba pago y era justo y necesario, pensaba, así que untado el dedo, untada la mano. Sigo moviéndome sin mucho ánimo, escuchando las instrucciones y mirando de reojo a mis nuevos compañeros de lucha contra el gordo.
Recibimos las indicaciones de rigor sobre lo que sería este viaje y sin hablarnos entre nosotros, los pacientes, partimos entre la llovizna y el atasco de las primeras horas de la mañana. La furia gris poco a poco abre espacio a un verde espeso que contrasta con el blanco opaco de cielos a punto de reventar. Subimos una montaña y media hora después, llegamos a nuestro destino.
La laguna se ve imponente desde esta montaña. El espacio es ideal para este retiro que mi cuerpo pide a gritos hace tanto. Tras desempacar nos dirigimos al kiosko que corona en la montaña. Mi aire, cada paso más escaso, me confirma por qué estoy aquí. Nos presentamos, iniciamos terapia y en cuestión de pocas horas, todos nos conocemos más de los que muchos en años. Lloré, reí, reflexioné. La noche termina cansada de tantas emociones juntas. Solo hemos bebido líquidos todo el día. Tengo hambre, sueño, mal genio. Mucha ansiedad. Pero el cansancio es más fuerte. Me acuesto en estado de congelamiento y poco a poco el calor me devuelve a los sueños hace días perdidos. Con el sonido de la lluvia me dejo llevar. Mañana veremos qué nos deparará.
III --> Día D - Con D de Dieta
Primer día de dieta y pese a mi aparente calma, la ansiedad se dejó ver de principio a fin. Cumplí las reglas del batido pese a mi fobia por la leche y todo lo que se le parezca. Más sufrí preparándolo, que bebiéndolo porque realmente sabe muy bien.Aunque el primero no me haya quedado del todo apetecible a simple vista:
A medio día, ya con mis viandas dispuestas, acompañé a mi amiga a almorzar donde siempre vamos. Tan buena es mi suerte que allí, me calientan y sirven la comida como la mejor de las madres.
Vaya sorpresa nos llevamos al comparar los platos, el del restaurante y el mio de dieta. Ambos muy parecidos, en tipo de alimento y proporción. Así las cosas me dedico a pensar que realmente el cambio es de hábitos y de escogencia en alimentos porque no hace falta mucho más. Ah, y claro está, voluntad de dejar el postre, optar por la aromática en vez del café y no picar más allá de lo evidente.
Allí encuentro una vitrina llena de cafeteras italianas, francesas, de todo tipo. En el fondo de la vitrina, una suerte de termos que llamaron mi atención por sus tamaños y colores. Al final, como sucede con cada vitrina que se abre, termine comprando uno que me permitirá no tener que ver el lactosa batido de las mañanas y las tardes. Es una gran inversión.
Tarde ya en casa, termino de trabajar casi a las nueve de la noche. Cansada, decido cenar y descubro un delicioso plato de comida lleno de colores y sabores que disfruto como el mejor de los manjares. En resumidas cuentas, la comida está deliciosa y de nada me puedo quejar.
Lo único que me preocupa es la inminente violación a la que me veré expuesta vía enema. Pero ya sabía que a los cuarenta no iba a llegar invicta del chorro líquido culo arriba. Me repito en la cabeza "es por mi bien", pero eso no redime la ansiedad y la manera de sucumbir a la mentada lavativa.
Algunos días serán más fáciles que otros. Al menos eso espero. Vamos a por el día dos, porque en las dietas, como con los adictos, todo se logra un día a la vez.
Bogotá, 5 de diciembre de 2014
II --> D-2
La prosa cada vez se me da menos mejor y más peor. Creo que son los nervios y la ansiedad por lo que se me viene pierna arriba.
Difícilmente he tenido un minuto libre para reflexionar sobre lo que está a punto de pasar. Hoy es mi ultimo día de libertad y pese a mis muchos intentos por complacer uno a uno mis muchos antojos de la vida, no he podido cumplir más que unos pocos.
Lo que seria mi última cena, un tipo de recreación de los festines de Baco, se convirtió en una minimalista preparación de la primera cosa que encontré en la nevera.
Y es que mis días previos a este desafío han estado llenos de tanta actividad, que ni tiempo he tenido de reflexionar y organizar mis ideas. Exámenes, valoraciones, donación de 12 tubos de sangre, pasajes y demás actividades diagnósticas, han sido apenas el abre bocas de lo que me espera.
Toda esta preparación ha estado mezclada en un cóctel molotov interminable de trabajo, que me ha forzado además a acelerar prácticamente todo lo de este último mes del año, en sólo 5 días.
Me acabo de tomar el recetario propio de mis rutinas nocturnas y hoy le agregue, adredre, una pastilla para dormir. Llevo unas noches demasiado inquieta como para descansar, con la cabeza a mil y una cantidad de sueños locos que no son más que el resultado de mi extraña forma de preocuparme.
Se me cierran los ojos mientras intento poner letras ordenadas en mis palabras y armar frases con sentido. Mi cuerpo se relaja pronto y comienzo a fundirme en el centro de mi cama.
Mañana será un día muy complicado. Será el primero de muchos cambios, de los cuales muchos seguro no me gusten...no importa...como dicen los animadores...hay que acostumbrarse al cambio. Como digo yo cada día con su afán...cada loro en su estaca y cada niño con su boleta.
Bogotá, 4 de diciembre de 2014
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