Esto cada día es más difícil. Cuesta despertarse antes para hacer ejercicio. Cuesta subirse a la elíptica y ver pasar los segundos lentamente. Cuesta desayunar solo un batido y arrancar el día sin un delicioso café. Cuesta cargar lonchera llena de frutas y termos: uno para la aromática, otro para el agua y el de los batidos. Siento que mi vida es de abuelita. Me siento exhausta y creo que en cualquier momento voy a claudicar.
Cuando se ha vivido de cerca una terapia de rehabilitación, se entienden mejor estos sentimientos. Si a mí me cuesta tanto seguir rutinas y no hacer pecados, puedo entender cómo las personas que tienen adicciones no logran controlar su voluntad. He dejado todo lo que me ha gustado en la vida y en lo que me he desmandado con ganas infinitas: comida, bebida, cigarros, café. Todo al tiempo.
Creería que es natural que a veces me levante como el demonio de Tasmania, otros días como perrito Giordano, otros como osito cariñosito y probablemente mi humor más frecuente se asemeje al de la bruja de Blancanieves que tanto me asustaba en la infancia.
Mi cuerpo afronta muchos cambios. Sé que son para bien pero en el entretanto me vuelvo loca. No sé si es la falta de azúcar, de grasas, de satisfacción mental o cansancio físico con tantas cosas al tiempo. Entiendo que es un proceso e intento seguir adelante. Renunciar siempre es la solución más fácil, pero -casi- nunca es la mejor. Por ahora, respiro, como me han enseñado; me enfoco, para llegar a mi objetivo y avanzo, porque ese es mi medio y mi fin.
Este es un espacio para la reflexión propia y de quien lo quiera leer. Para que se haga evidente la lucha de quienes vinimos a este mundo cargando más de lo que debemos y quienes nos hemos cargado con más de lo que debíamos. Físico o etéreo.
viernes, 30 de enero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
X --> Cambios
Dicen que el hombre es un animal de costumbres. Y va uno a ver, y sí. Poco a poco nos vamos haciendo a una vida llena de hábitos, algunos mejores que otros. Levantarse de cierta forma, tomar el desayuno antes o después de la ducha, seguir rutinas con quienes nos rodean. Tantas cosas que parecen tan fáciles, pero que cuando nos vemos forzados a cambiar, nos cuestan demasiado.
Vivir cerca a la oficina es un placer que pocos tienen. Por más tarde que despierte, siempre voy a llegar temprano. Mi rutina de los últimos años era simple y sencilla hasta hace poco. Cada mañana tengo más de 20 pasos nuevos que hacer con mi nueva rutina: medicamentos, brebajes, cardio y rutinas de ejercicio, malteada, desayuno y empacar la lonchera. Todo ello antes de la típica sesión de acicalamiento. Total, mis mañanas ahora comienzan más de dos horas antes de que realmente comience el corre-corre habitual.
El cambio de hábitos no viene solo. Cada día intento ser más analítica de lo que me rodea. Veo lo que come mi entorno y después de antojarme, me aterro. Me aterro no a manera de crítica, sino de autocrítica. Creo que durante años he tenido pésimos hábitos de salud en mis selecciones, horarios y cantidades de alimentos, en mis hábitos de parranda eterna y en mis muchas perezas de mover el esqueleto con cierta periodicidad. Y es que los tiempos cambian, y aparentemente la gente también. Mi facebook se llena no solamente de más fotos de bebés que de rumbas, sino que además, descubro como mis contemporáneos ya no salen los viernes o sábados porque prefieren hacer biking, hiking y toda la terminología gringa para deportes de esos que requieren mucho esfuerzo, estado físico de atleta profesional y una buena gavilla o fierros para practicarlos.
Algunos de mis amigos padres se cuidan de la barriga de marido. Mis amigas intentan nivelar los pecaditos con jornadas extenuantes de gimnasio, yoga o tratamientos milagrosos con el centro de estética de moda. En la oficina circulan decenas de dietas y tratamientos milagrosos que se recomiendan de boca en boca según se hagan evidentes los resultados. Todo, para resumirles, que el tema del peso, la salud y la apariencia no están fuera de la mente de muchos y muchas. Sé que estas líneas son apenas una somera descripción de tantísimas realidades.De otra manera no puedo explicar tantas recomendaciones y consejos sobre batidos, dietas, fajas, masajes, mesos y demás técnicas milagrosas que le han servido a las amigas, primas y tías de sus amigas. ;)
Esta situación se acentúa en meses como enero, pues los excesos de fin de año han dejado a más de uno con el deber de resarcirse con la infame báscula. Por mi parte, soy la feliz perdedora de casi 6 kilos durante el festivo mes: un acto de valentía en diciembre y de ostentación en enero. Por lo pronto, espero que el "cambio" perdure, al mismo ritmo y por los meses que sea debido. Sé que no serán pocos, ni fáciles, ni muy felices. Pero cambio es cambio, y si yo no cambio, nada cambia.
domingo, 25 de enero de 2015
IX --> De vuelta al ruedo
Ya en casa, me siento exhausta. Han sido días de mucha actividad. Si bien he hecho más ejercicio que en muchos años, la carga emocional ha sido agotadora. Mucho por pensar, mucho por mejorar. Pero llego renovada y lista para empezar este camino que veo por delante entre la emoción y la consabida dificultad.
Ha venido la familia en pleno a recibirme a la clínica. Me alegra muchísimo verlos. Ya en casa, me recibe mi querido Nené que ha llegado de Brasil y a quien por esta odisea ni había podido abrazar. Les cuento por encima cómo ha sido esta semana, entre risas y detalles más escatológicos que los que aquí describo.
A veces pareciera que la gente cree que uno está gordo/a porque quiere. Creo que si se pudiera escoger, nadie lo estaría. Es un karma que lentamente consume y agota. Por lo pronto conservo mis fuerzas. Claro, apenas comienzo esta odisea de muchos meses de privaciones, inseguridades, logros, felicidad, sudor y llanto.
Y con "apenas comienzo" me refiero a esta nueva dieta. Mi primera dieta comenzó cuando tenía 5 meses de edad y apenas era una lactante de brazos. En ese entonces ya tenia peso y talla de una niña de un año, mientras que solo tomaba leche materna. Era un gran bebé, lo que para esa edad es sinónimo de ternura y de suficiencia en cachetes para los pellizcos de tía. Ya cuando te haces mayor es sinónimo de descuido y pocas personas logran entender el calvario que se lleva encima, un peso agotador.
Mañana comienza un nuevo día. Sigo por un par de días con un régimen vegetariano. Tantos días de dieta líquida y actividades varias deben ser manejados con cuidado, pues cualquier cosa de más que coma me puede mandar a la clínica. El cuerpo apenas recibe este cuidado extremo y debo ser consciente de seguir un proceso paso a paso. al final de semana tendré par días más de líquidos y me intercalarán la dieta poco a poco con otros alimentos que recibiré en mi oficina y casa, según sea el caso.
Muero de la curiosidad por vestirme con ropa de oficina y ver qué tan grande me empieza a quedar. Cuánta tela me sobra. Espero sea la misma o tanta más de lo que ya me he quitado encima después de esta jornada de cambios que me ha regalado la vida. Sólo el botón lo dirá.
Ha venido la familia en pleno a recibirme a la clínica. Me alegra muchísimo verlos. Ya en casa, me recibe mi querido Nené que ha llegado de Brasil y a quien por esta odisea ni había podido abrazar. Les cuento por encima cómo ha sido esta semana, entre risas y detalles más escatológicos que los que aquí describo.
A veces pareciera que la gente cree que uno está gordo/a porque quiere. Creo que si se pudiera escoger, nadie lo estaría. Es un karma que lentamente consume y agota. Por lo pronto conservo mis fuerzas. Claro, apenas comienzo esta odisea de muchos meses de privaciones, inseguridades, logros, felicidad, sudor y llanto.
Y con "apenas comienzo" me refiero a esta nueva dieta. Mi primera dieta comenzó cuando tenía 5 meses de edad y apenas era una lactante de brazos. En ese entonces ya tenia peso y talla de una niña de un año, mientras que solo tomaba leche materna. Era un gran bebé, lo que para esa edad es sinónimo de ternura y de suficiencia en cachetes para los pellizcos de tía. Ya cuando te haces mayor es sinónimo de descuido y pocas personas logran entender el calvario que se lleva encima, un peso agotador.
Mañana comienza un nuevo día. Sigo por un par de días con un régimen vegetariano. Tantos días de dieta líquida y actividades varias deben ser manejados con cuidado, pues cualquier cosa de más que coma me puede mandar a la clínica. El cuerpo apenas recibe este cuidado extremo y debo ser consciente de seguir un proceso paso a paso. al final de semana tendré par días más de líquidos y me intercalarán la dieta poco a poco con otros alimentos que recibiré en mi oficina y casa, según sea el caso.
Muero de la curiosidad por vestirme con ropa de oficina y ver qué tan grande me empieza a quedar. Cuánta tela me sobra. Espero sea la misma o tanta más de lo que ya me he quitado encima después de esta jornada de cambios que me ha regalado la vida. Sólo el botón lo dirá.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

.jpg)