jueves, 23 de abril de 2015

XXV --> Críticas & Criticas



Murmurá murmurador
Que de maña lo tenés
Criticás el rabo ajeno
Porque el tuyo no te lo ves

Así decía mi sabia bisabuela Carmen cuando escuchaba que alguien criticaba al prójimo ausente. Y es que es muy fácil caer en la tentación de la crítica sana, y aún más en la no tan sana, porque siempre da gustillo hablar de los demás, llegar de primero con el chisme de moda (chiva) y saber qué pasa por aquí y por allá con la vida del que sea, famoso o cercano, conocido o no. Se da hasta en las mejores familias, en las empresas, con los propios amigos.

Hace unos días me encontré esta perlita:



Al ver este vídeo de la reciente campaña de Dove, muero de dolor al pensar que más allá del posible daño que le hacemos a los demás con nuestras críticas, frenteras o por debajo de cuerda, el mayor daño nos lo hacemos a nosotros mismos de manera inconsciente. Cuántas veces nos vemos al espejo y criticamos todo lo que allí se refleja: que si la ojera, que el gordito, que la celulitis, la estría, la arruga. Tantas y tantas cosas que a la larga no importan porque lo que sí es relevante es estar vivos y sanos. El empaque es solo eso, algo que cambia y se transforma permanentemente.

En el vídeo le piden a varias mujeres que escriban en un cuaderno lo que piensan cada día de sí mismas. Creo que si yo lo hiciera, necesitaría hacer un ejercicio de autoconsciencia que llenaría varios tomos. Luego, un par de actrices hablan entre ellas utilizando las mismas frases que las incautas damas han escrito en sus cuadernos de notas, quedando completamente asombradas. La verdad es que es impresionante.

Una de las cosas que me prometí a mí misma tras esa dolorosa cirugía de esófago de la que algún día les contaré, es observar mi cuerpo desnudo frente al espejo, todas las mañanas antes de ducharme. Con ello, pretendo encontrar todo lo bonito que sí tengo. Y cada mañana lo reafirmo. Obvio, el ejercicio es más difícil de lo que parece, pero al menos me permite generar mejor consciencia sobre mi cuerpo y ser más agradecida con mi vaso medio lleno, que no con el vacío.

Este tipo de campañas publicitarias disruptivas nos llevan a ponernos en los zapatos del prójimo para reflexionar por qué si no somos capaces de decírselo en la cara a los demás, sí somos tan crueles con nosotros mismos, en nuestra individualidad, nuestra intimidad.

¿Cuándo fue la última vez que pensaste algo lindo de ti mismo?, nos preguntan. Yo solo los invito a tener un pensamiento bonito sobre si mismos cada día. Por uno solo se comienza, luego, será mucho más fácil hacerlo en grandes cantidades y hasta por los demás.

Si no tienes nada bueno que decir, mejor calla, dice mi madre, la digna heredera de las sabias frases de su abuela Carmen. Yo, al menos, lo intento cada día más y mejor.


"El pensar bien consiste, o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad, de otra manera, caemos en un error." (Balmes)

Reflexiones de jueves después de leer este artículo en el ABC

sábado, 18 de abril de 2015

XXIV --> Personalidad de niñ@ gord@

Por años he aprendido a identificar las señales de la personalidad de niñ@ gord@. De hecho, creo que podrían concederle mi apellido a este descubrimiento, pues ya tengo toda una teoría desarrollada al respecto. Quienes hemos sufrido de sobrepeso desde tierna edad, solemos replicar comportamientos, traumas y fijaciones que solo nosotr@s entendemos. Los matices son bastante similares, aún después de perder peso, los rasgos persisten y a veces, hasta se consolidan.

Mi querido cómplice de muchas tardes de cine, por ejemplo, no le gustaba cargar todo lo que nos comíamos allí. Pensaba que si alguien lo veía con su bandeja con dos perros calientes, dos palomitas grandes (una de sal y otra de dulce, como toca), las deliciosas chocolatinas babyjohns o M&Ms y par gaseosas agrandadas, le iban a criticar quienes sentados esperaban por la peli. Tal era el trauma que él pagaba todo si yo lo cargaba. Para mí, más allá de la gracia misma del trauma, de la gratuidad del engorde y de mi propio desfile con las poco saludables viandas, me invitaba a pensar en mis propios demonios.

Entre otras cosas, por ejemplo, no me gusta comer en la calle. Siento que la gente me verá y dirá "véala, tan gorda y sigue comiendo". Esto sonará muy estúpido, otros se reirán de semejante bobada, lo sé, pero l@s niñ@s gord@s guardamos nuestras fijaciones con cosas que durante años hemos sufrido en silencio. Y ahí se van asentando los rasgos de la personalidad del niñ@ gord@.

Uno de los grandes traumas, por ejemplo, es comprar ropa. No importa cuánto sudes y cuán histérico te pongas en ese probador de ochenta por ochenta, diseñado para movimientos de flaco, porque igual, la ropa que quieres y que te gustaría comprar nunca te va a quedar. Y siempre habrá una vendedora menudita que te lo recuerde, al tiempo que te anuncia que ya llevas por los tobillos el pantalón más grande. Los malvados espejos amañados no son suficientes y siempre te devolverán la imagen que no te gusta y que de igual manera en tu mente, será el doble de su realidad.

Mi querido progenitor tras haber perdido varias decenas de kilillos, aun conserva algunos matices de esta personalidad. A pesar de que ahora él es quien no come, sigue comprando cosas deliciosas que nunca prueba, cocinando como para alimentar a un batallón entero y organizando eventos varios en los que sirve y sirve comida hasta dejar a la visita rodando, mientras que él se sacia con una mera tacita de caldo y poco más. Por mi parte, solo dicha porque cada antojo de mi vida siempre ha sido satisfecho :)

Hablar de comida mientras se come, las excursiones a lugares puntuales para adquirir productos típicos, el babeo constante con solo recordar algo delicioso o al ver una carta de comida, un capítulo del MasterChef o el canal de cocina. Todos estos son rasgos típicos de este característico comportamiento que conmemora al gordito interno.

A veces lo superamos y decidimos vivir con ello y verlo con humor. Otras veces lo seguimos sufriendo en silencio. Otras, lo compartimos con nuestros lectores en forma de blog. Total, cada quien tiene su forma de llevarlo con orgullo o de combatirlo ferozmente. Lo importante es que, tal y como alguna vez lo pensamos entre chiste y chanza a manera de campaña publicitaria, podamos "Llevar un gordit@ en el corazón". Los invito a postularme para que me concedan la autoría de este avance etnocientífico y logremos por fin concretar la campaña nacional e internacional ;)