sábado, 18 de abril de 2015

XXIV --> Personalidad de niñ@ gord@

Por años he aprendido a identificar las señales de la personalidad de niñ@ gord@. De hecho, creo que podrían concederle mi apellido a este descubrimiento, pues ya tengo toda una teoría desarrollada al respecto. Quienes hemos sufrido de sobrepeso desde tierna edad, solemos replicar comportamientos, traumas y fijaciones que solo nosotr@s entendemos. Los matices son bastante similares, aún después de perder peso, los rasgos persisten y a veces, hasta se consolidan.

Mi querido cómplice de muchas tardes de cine, por ejemplo, no le gustaba cargar todo lo que nos comíamos allí. Pensaba que si alguien lo veía con su bandeja con dos perros calientes, dos palomitas grandes (una de sal y otra de dulce, como toca), las deliciosas chocolatinas babyjohns o M&Ms y par gaseosas agrandadas, le iban a criticar quienes sentados esperaban por la peli. Tal era el trauma que él pagaba todo si yo lo cargaba. Para mí, más allá de la gracia misma del trauma, de la gratuidad del engorde y de mi propio desfile con las poco saludables viandas, me invitaba a pensar en mis propios demonios.

Entre otras cosas, por ejemplo, no me gusta comer en la calle. Siento que la gente me verá y dirá "véala, tan gorda y sigue comiendo". Esto sonará muy estúpido, otros se reirán de semejante bobada, lo sé, pero l@s niñ@s gord@s guardamos nuestras fijaciones con cosas que durante años hemos sufrido en silencio. Y ahí se van asentando los rasgos de la personalidad del niñ@ gord@.

Uno de los grandes traumas, por ejemplo, es comprar ropa. No importa cuánto sudes y cuán histérico te pongas en ese probador de ochenta por ochenta, diseñado para movimientos de flaco, porque igual, la ropa que quieres y que te gustaría comprar nunca te va a quedar. Y siempre habrá una vendedora menudita que te lo recuerde, al tiempo que te anuncia que ya llevas por los tobillos el pantalón más grande. Los malvados espejos amañados no son suficientes y siempre te devolverán la imagen que no te gusta y que de igual manera en tu mente, será el doble de su realidad.

Mi querido progenitor tras haber perdido varias decenas de kilillos, aun conserva algunos matices de esta personalidad. A pesar de que ahora él es quien no come, sigue comprando cosas deliciosas que nunca prueba, cocinando como para alimentar a un batallón entero y organizando eventos varios en los que sirve y sirve comida hasta dejar a la visita rodando, mientras que él se sacia con una mera tacita de caldo y poco más. Por mi parte, solo dicha porque cada antojo de mi vida siempre ha sido satisfecho :)

Hablar de comida mientras se come, las excursiones a lugares puntuales para adquirir productos típicos, el babeo constante con solo recordar algo delicioso o al ver una carta de comida, un capítulo del MasterChef o el canal de cocina. Todos estos son rasgos típicos de este característico comportamiento que conmemora al gordito interno.

A veces lo superamos y decidimos vivir con ello y verlo con humor. Otras veces lo seguimos sufriendo en silencio. Otras, lo compartimos con nuestros lectores en forma de blog. Total, cada quien tiene su forma de llevarlo con orgullo o de combatirlo ferozmente. Lo importante es que, tal y como alguna vez lo pensamos entre chiste y chanza a manera de campaña publicitaria, podamos "Llevar un gordit@ en el corazón". Los invito a postularme para que me concedan la autoría de este avance etnocientífico y logremos por fin concretar la campaña nacional e internacional ;)






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