Después de la tempestad, viene la calma. hoy es un día para el disfrute y la reflexión. Muchas cosas han pasado por estos días de líquidos y euforias, de llantos y sudor, de amistad y aprendizaje. Tal vez días difíciles como la vida misma, pero grandes en este proceso de cambio.
Todas las mañanas nos pesan a las 6 am. El desfile de modas está acompañado de blancas piernas con medias gruesas y chancla o pantufla, con una bata a cuadros a juego que tapa todo lo demás. Todos debemos estar en ropa interior para pasar por la infame calumniadora. No nos dejan ver en todo el proceso cuánto pesamos, para que no haya competencias internas (pues cada cuerpo es diferente y por ende, pasa por el proceso de manera diferente) y para que al final la sorpresa sea mayor. Para bien o para mal.
Hoy también, como era de esperarse, nos agasajaron con un delicioso enema. Cada vez es menos grave soportarlo. Como en todo, somos animales de costumbre. Nos han anunciado después del jugo de la mañana, que bebemos agradecidos con la maravillosa vista de la laguna, que el día de hoy estaremos en silencio recibiendo una serie de terapias para mimarnos. El silencio, es una invitación a la reflexión personal, que cae como anillo al dedo tras varios días de catarsis. Los mimos se distribuyen durante el día, para que las agendas de todos no se crucen. El resto del tiempo, podemos reflexionar, escribir, leer, dormir, pensar.
Lo ideal sería dormir después de varias jornadas desde la madrugada hasta bien entrada la noche. Pero mi cabeza da vueltas por todo lo vivido, lo descubierto. Tiendo mi fuerte en el mejor punto para ver la laguna y allí leo, escribo, pienso. Respiro, que no es poco. A las horas marcadas, disfruto de un masaje relajante, de una terapia de Reiki y de alguna película de mucha inspiración.
Sigo en silencio. Para los que me conocen, saben que no es fácil. Pero lo disfruto. Realmente es un espacio que debería concederme mucho más a menudo. Terapia más que recomendada para acallar las palabras y abrir la mente y el corazón.
Antes del atardecer nos llevan al kiosko. Allí comienza la aventura de la noche. El broche de oro para esta jornada de renovación.


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