Escucho música que conozco a la perfección. La torre de parlantes de más de tres metros que tapa un poco mi vista sirve también para ocultarme de eso que me estoy perdiendo. Quiero llorar, pero no quiero dañar la noche que transcurre lenta y dolorosa. Como si eso fuera posible. Se me han roto las medias veladas con una puntilla salida de la mesa al intentar pararme para ir al baño. Y por lo mismo, no he ido. Estoy sola en una mesa para 10, perdida entre los parlantes y mi propia sombra. Todos están fuera de mi vista, sumergidos en la marea de cientos de personas que se agitan al son de Juan Luis Guerra, Wilfrido Vargas y Maná.
Tengo apenas 13 años y hoy es la noche de mis muchas primeras veces. Primera vez que salgo de noche, que salgo con un chico, que voy a un Prom, que me visto de gala, que uso tacones, que llevo medias veladas negras, que paso por un salón de belleza horas eternas entre peinado, uñas y maquillaje.
Los preparativos habían comenzado unas semanas antes cuando uno de los tantos galanes de mi hermana, la había convidado a ser su pareja en su fiesta de graduación. Ella, muy considerada, le había dicho que sí con una condición: que me consiguiera parejo para asistir al mentado baile. Y así lo hizo el ganoso adolescente. Yo, emocionada igualmente, había exigido ir como una princesa, con todo nuevo. Un gusto que mis padres jamás me negaron. Y allí estaba yo, sentada sola, viendo a la gente bailar y disfrutar en la noche de sus sueños, la noche de mis pesadillas.
Cuando llegaron los galanes, salió mi hermana, estupenda en su traje y ellos, muy majos en el consabido smoking de alquiler de Unicentro, hicieron esfuerzo para no descolgar sus mandíbulas al nivel del piso. Mientras tanto, yo veía la escena, escondida y muerta de temor por esa primera cita.
Mi parejo, alias "el chulo" (de ahí ya tenía que haber aprendido a sospechar), al verme solo atinó a decirle al de mi hermana: "¡jueputa, me sacó a una gorda!" Y con esto inició mi noche. Respiré profundo y ne hice la loca, como si no importara lo que acababa de escuchar. Bajó rápido del taxi para que no lo vieran llegar conmigo, ingresó solo al centro de convenciones y me dejó sentada el resto de la noche en la misma silla de esa mesa escondida desde las 9pm hasta las 3am, cuando mi hermana por fin desistió de bailar una más.
Algunos meses después, no por éste, sino por otro mucho más guapo, y ojo a esto, diyei, decidí emprender una de las muchas grandes dietas de mi vida, en la que iba no menos de 5 horas al gimnasio y solo comía una vez al día. Claro, a los 14 uno no es tan docto en procesos saludables y balanceados. Ya con 30 kilos menos, un día caminaba por Unicentro, cuando alguien me llama por mi nombre: era el queridísimo chulo. Me dijo que estaba muy cambiada (¿en serio?), pero yo me sentía igual. Al fin y al cabo, solo había cambiado el empaque, de resto, era la misma niñata tímida e insegura (aunque no lo crean) que quería poder conocer gente a una edad en la que es indispensable tener aprobación social y formar parte de un entorno regularmente de pendejos que aparentaban ser lo más, cuando uno a esa edad no sabe ni quién es.
El ahora galán quiso invitarme a salir. Me rehusé con una sonrisa. Ya no estaba interesada en alguien que no pudo ver más allá del empaque. Me despedí cordialmente y me fui caminando por la salida número tres. Al girar ahí estaba mirándome, con cara de entender lo que sucedía, pero su tiempo se había acabado esa misma noche de prom. Desde esa primera cita supe que nadie que no lea en mi interior iba a valer la pena o tener el más mínimo chance. Y aunque no por ello dejé de cagarla una y otra vez con cuanto ser se me antojó, tengo claro que ahora voy encima del parlante liderando la fiesta y nunca más detrás de él.
Juepucha Marce, estoy llorando. Son mis palabras o las tuyas? :'(
ResponderEliminarAnita. Don´t cry. Somos mujeres fuertes y capaces de asumir lo que se venga. Estos momentos difíciles solo nos hacen más fuertes y mejores. Te quiero.
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