domingo, 15 de marzo de 2015

XX --> La edad de la felicidad


"Un estudio de la Universidad de Yale fija la edad de la felicidad a los 34 años teniendo en cuenta que se trata del momento en el que, en líneas generales, se suelen estabilizar las relaciones de pareja, se consiguen mejores puestos de trabajo o se perciben aumentos de sueldo".

(Revista Mujer Hoy, 12 de marzo de 2015)


Pues eso. Me he encontrado con esta grandísima perla en las lecturas feisbukianas de estos días y quisiera dejarlo a consideración para saber si quienes ya llegaron a este grandioso número ya sienten que abrazan a manos llenas la felicidad o si aquellos jóvenes contactos ya la alcanzaron de manera prematura. O si ni lo uno ni lo otro, que también es una opción.

Muchas veces confundimos nuestros niveles de felicidad con salud, dinero y amor en estados de abundancia. Una poca de éxito, libertad y placeres variopintos tampoco nos viene nada mal. Pero resulta que ni la vida es perfecta ni siempre tenemos lo que queremos. Cuando conseguimos algo que anhelábamos con locura, solemos ponernos nuevas metas en ese ejercicio interminable de inconformidad persistente. 

Creo que hace parte de nuestra humanidad querer más y en fijarnos nuevas metas, en parte, porque no siempre somos conscientes de nuestra vida si tuviéramos menos. De pequeña, solía quejarme con mi madre de mis piernas gordas. Lloraba porque todas las niñas tenían piernas flacas y yo tenía sendos perniles dignos de mordisco de tía. Ella, que siempre ha sido muy sabia, lograba hacerme sentir mejor con esa lógica retorcida de toda madre: "deberías mejor agradecerle a Dios que tienes piernas, así creas que son gordas.....¿cuántos niños en este país no tienen piernas? Y con ello, lograba hacerme sentir lo suficientemente tonta como para preocuparme por nimiedades estéticas por encima de problemáticas realmente graves en un país en guerra. 

Desde entonces, cada vez que me quejo de mis muchos defectos físicos (y ni hablar de los psiquiátricos), prefiero retomar la lógica progenitora y agradecer por lo que sí tengo. Un ejercicio que he ampliado a otras facetas de mi vida: me quejo de mi trabajo, pero al menos tengo uno; me quejo de mi dieta, pero al menos tengo qué comer; me quejo de las peleas con mi familia, pero al menos los tengo vivos, cerca y queriéndome a pesar de mí misma. Y así con tantísimas cosas en un sinfín de quejas y reflexiones propositivas que contrastan entre sí mismas. 

Creo que a mis 34 he encontrado mi felicidad en pequeños momentos, en recuerdos y olores, en viajes y amigos, en sobrinitos y sobrinitas que llenan de amor puro con su mirada y sonrisas. Salud, dinero, amor y éxito son importantes para sentirse pleno y poderse ocupar de las verdaderas cosas de la vida, dejando atrás todo aquello que con esfuerzo y suerte, también se puede alcanzar.

La verdadera sensación de bienestar la encuentra cada quien a su modo, según sus parámetros y sus conveniencias. De ahí que, como cite el artículo, en esta época -años más, años menos-, "nos fijamos nuevas metas y nos sentimos mejor con nosotros mismos". Una realidad que no se aleja de este proceso que vivo a mis 34 y que acomodo a mis necesidades que distan bastante de las ya mentadas alternativas banales.


Y tú, ¿cómo te  sentiste, sientes o quieres sentirte a tus 34?

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