domingo, 1 de febrero de 2015

XII --> Recompensas

Por fin he conseguido ir a un control este mes. El agitado enero llegó con más de uno bien recargado y las muchas ocupaciones (por no decir chicharrones) me hicieron cancelar ya dos citas. La tercera es la vencida. Es muy pronto para hacer ejercicio, así que me salto la rutina matutina para arreglarme y salir rápido al odioso encuentro con la infame báscula.

Bogotá amanece tranquila y soleada. Es viernes. Motivo suficiente para tener muy buen humor. No queda casi nada para disfrutar del fin de semana. Mi carruaje amarillo me lleva a través de la ola verde de una despejada Carrera 15. En la clínica, me recibe la nutricionista. Curiosamente, logro tolerarla más que a cualquiera de la media centena anterior. Siempre he tenido inconvenientes con los seres muy muy delgados que me indican qué hacer y qué no, cuando jamás han pasado por una dieta, a leguas. Y esa miradita constante de desaprobación y crítica...

Ya en el consultorio, comienza el interrogatorio tras los saludos de rigor:

¿Cómo te has sentido?
- Cansada, dolores de cabeza, ansiosa.

¿Qué estás comiendo durante el día?
(Aunque no parezca, el resumen es bastante corto)
5 comidas al día: desayuno batido, media mañana fruta, almuerzo lo que me envían de la clínica a la oficina, onces otro batido y cena lo que me envían a casa.

¿Has cometido pecados?
(Uff por dónde comenzamos)-.....- Ah, de la dieta, sí, ¡solo un par!

.. y ya en el momento del ¿por qué?, la verdad, no tenía muchos ánimos de enfrascarme en una discusión que justificara por qué, este nuevo estilo de vida se basa en un sistema de recompensas o compensaciones. Después de tantas maratones dietéticas, he decidido que esta vez me la voy a gozar: comeré antojitos si me provocan, poquitos y siempre compensando con las otras comidas o con más ejercicio. Obvio, sin excederme en antojos, que nunca han sido pocos.Y es que siento que así tiene que ser para vivir una vida tranquila y sin tantas privaciones. Al fin y al cabo, no es tan fácil, si se tiene en cuenta que he dejado casi todos los placeres habituales de mis casi 7 lustros (de 4 años cada uno, ¡obvio!).

Ya encaramada en la potente máquina, que mide hasta los suspiros, y portando nada más que cuquitos y sujetador, sufro de una poca de ansiedad y mareo. Y obvio, frío. Llegó la hora de la verdad. Hoy por fin sabré si los esfuerzos durante el 2015 han sido fructíferos.

Los números se mueven. Respiro. Hago cuentas mentales...

¿En serio?,

¿Se habrá dañado con mi peso?...

Pues no, estaba todo correcto: en 4 semanas bajé 4 kilos para un gran total de 10 kilos en 7 semanas.

La sonrisa de oreja a oreja solo se ve empantanada por el comentario de la nutricionista, mientras me bajo del armatoste:

- Con todo y eso, bajaste muy bien.

¿Con todo y eso? con todo y ese ejercicio, con todo y eso de privaciones, con todo y eso de esfuerzo, pienso. Le pregunto qué quiere decir y me responde, a manera de reproche, que he cometido un par de pecados. Ya lo se, yo misma los he declarado. Pero par postrecillos inofensivos en porciones radiográficas no me van a amilanar en mi meta. Tampoco en la satisfacción de obtener resultados después de tanto esfuerzo. Hoy estoy feliz. Y eso nadie me lo quita. Mi recompensa poco a poco se materializa. Y vamos por más...que realmente, es por menos. Le he declarado una guerra a la infame báscula y se la voy a ganar. Sí o sí.


1 comentario:

  1. jajajajajajajajaja ¡Buenísimo! Te felicito Marce, le vas a ganar con toda (con menos) ;)

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