La caminata inició tras el primer jugo de la mañana, rumbo a la laguna. Un terreno bastante inestable y empastado nos obligó a caminar con mucho cuidado entre la naturaleza, la maleza y la pereza. Los bichos y los quejidos geriátricos ambientaron el paseo por el húmedo y embarrado camino.
El cuerpo duele. Del pelo a la planta de los pies. Han sido unos días intensos que nos han sacado de nuestras rutinas para sumergirnos en este cambio de vida tan radical. Estamos deconstruyendo el templo de males que por años hemos erguido. Hacemos la rutina de ejercicios a la orilla de la laguna, disfrutando el majestuoso paisaje. El aire es puro. el cansancio, también.
La caminata se extiende por parajes preciosos de verdes espesos en todas sus variedades. El ruido de las muchas cascadas y riachuelos que limitan el lugar irrumpe con nuestras respiraciones agitadas y el sudor de todo nuestro esfuerzo.
Es difícil no pensar en tantos errores y en todo lo que nos ha traído hasta aquí, hasta este lugar en este preciso momento. Cada uno con su historia. Cada quien con sus motivos. Cada quien resarciendo su propio calvario.
Llegamos a la cima por fin. Me tiendo cuan larga y ancha soy sobre el césped aún húmedo por la tormenta de anoche. Miro al cielo y dejo que el sol me irradie toda su energía. Seguimos con nuestras clases de nutrición y por supuesto, todos rajados. Y no es para menos, con la mano en el considere, comemos fatal en cantidad y calidad. Nos hemos acostumbrado a todo lo que nos hace daño. Y lo disfrutamos.
Caminamos por el huerto orgánico de la finca y hacemos la ruta de la alimentación, montaña arriba y montaña abajo. Aprender es poco frente la constante mención de comidas deliciosas, de esas que no veré ni en pintura, al tiempo que seguimos en una estricta dieta líquida. Este día sin duda, es uno de los más difíciles.
Clase de yoga, película y a dormir, agotados por la doble caminata. Un día más que termina. Tantos más por delante.


Estoy pegada a esta historia!
ResponderEliminarStick with it! :P
ResponderEliminar