jueves, 23 de abril de 2015

XXV --> Críticas & Criticas



Murmurá murmurador
Que de maña lo tenés
Criticás el rabo ajeno
Porque el tuyo no te lo ves

Así decía mi sabia bisabuela Carmen cuando escuchaba que alguien criticaba al prójimo ausente. Y es que es muy fácil caer en la tentación de la crítica sana, y aún más en la no tan sana, porque siempre da gustillo hablar de los demás, llegar de primero con el chisme de moda (chiva) y saber qué pasa por aquí y por allá con la vida del que sea, famoso o cercano, conocido o no. Se da hasta en las mejores familias, en las empresas, con los propios amigos.

Hace unos días me encontré esta perlita:



Al ver este vídeo de la reciente campaña de Dove, muero de dolor al pensar que más allá del posible daño que le hacemos a los demás con nuestras críticas, frenteras o por debajo de cuerda, el mayor daño nos lo hacemos a nosotros mismos de manera inconsciente. Cuántas veces nos vemos al espejo y criticamos todo lo que allí se refleja: que si la ojera, que el gordito, que la celulitis, la estría, la arruga. Tantas y tantas cosas que a la larga no importan porque lo que sí es relevante es estar vivos y sanos. El empaque es solo eso, algo que cambia y se transforma permanentemente.

En el vídeo le piden a varias mujeres que escriban en un cuaderno lo que piensan cada día de sí mismas. Creo que si yo lo hiciera, necesitaría hacer un ejercicio de autoconsciencia que llenaría varios tomos. Luego, un par de actrices hablan entre ellas utilizando las mismas frases que las incautas damas han escrito en sus cuadernos de notas, quedando completamente asombradas. La verdad es que es impresionante.

Una de las cosas que me prometí a mí misma tras esa dolorosa cirugía de esófago de la que algún día les contaré, es observar mi cuerpo desnudo frente al espejo, todas las mañanas antes de ducharme. Con ello, pretendo encontrar todo lo bonito que sí tengo. Y cada mañana lo reafirmo. Obvio, el ejercicio es más difícil de lo que parece, pero al menos me permite generar mejor consciencia sobre mi cuerpo y ser más agradecida con mi vaso medio lleno, que no con el vacío.

Este tipo de campañas publicitarias disruptivas nos llevan a ponernos en los zapatos del prójimo para reflexionar por qué si no somos capaces de decírselo en la cara a los demás, sí somos tan crueles con nosotros mismos, en nuestra individualidad, nuestra intimidad.

¿Cuándo fue la última vez que pensaste algo lindo de ti mismo?, nos preguntan. Yo solo los invito a tener un pensamiento bonito sobre si mismos cada día. Por uno solo se comienza, luego, será mucho más fácil hacerlo en grandes cantidades y hasta por los demás.

Si no tienes nada bueno que decir, mejor calla, dice mi madre, la digna heredera de las sabias frases de su abuela Carmen. Yo, al menos, lo intento cada día más y mejor.


"El pensar bien consiste, o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad, de otra manera, caemos en un error." (Balmes)

Reflexiones de jueves después de leer este artículo en el ABC

sábado, 18 de abril de 2015

XXIV --> Personalidad de niñ@ gord@

Por años he aprendido a identificar las señales de la personalidad de niñ@ gord@. De hecho, creo que podrían concederle mi apellido a este descubrimiento, pues ya tengo toda una teoría desarrollada al respecto. Quienes hemos sufrido de sobrepeso desde tierna edad, solemos replicar comportamientos, traumas y fijaciones que solo nosotr@s entendemos. Los matices son bastante similares, aún después de perder peso, los rasgos persisten y a veces, hasta se consolidan.

Mi querido cómplice de muchas tardes de cine, por ejemplo, no le gustaba cargar todo lo que nos comíamos allí. Pensaba que si alguien lo veía con su bandeja con dos perros calientes, dos palomitas grandes (una de sal y otra de dulce, como toca), las deliciosas chocolatinas babyjohns o M&Ms y par gaseosas agrandadas, le iban a criticar quienes sentados esperaban por la peli. Tal era el trauma que él pagaba todo si yo lo cargaba. Para mí, más allá de la gracia misma del trauma, de la gratuidad del engorde y de mi propio desfile con las poco saludables viandas, me invitaba a pensar en mis propios demonios.

Entre otras cosas, por ejemplo, no me gusta comer en la calle. Siento que la gente me verá y dirá "véala, tan gorda y sigue comiendo". Esto sonará muy estúpido, otros se reirán de semejante bobada, lo sé, pero l@s niñ@s gord@s guardamos nuestras fijaciones con cosas que durante años hemos sufrido en silencio. Y ahí se van asentando los rasgos de la personalidad del niñ@ gord@.

Uno de los grandes traumas, por ejemplo, es comprar ropa. No importa cuánto sudes y cuán histérico te pongas en ese probador de ochenta por ochenta, diseñado para movimientos de flaco, porque igual, la ropa que quieres y que te gustaría comprar nunca te va a quedar. Y siempre habrá una vendedora menudita que te lo recuerde, al tiempo que te anuncia que ya llevas por los tobillos el pantalón más grande. Los malvados espejos amañados no son suficientes y siempre te devolverán la imagen que no te gusta y que de igual manera en tu mente, será el doble de su realidad.

Mi querido progenitor tras haber perdido varias decenas de kilillos, aun conserva algunos matices de esta personalidad. A pesar de que ahora él es quien no come, sigue comprando cosas deliciosas que nunca prueba, cocinando como para alimentar a un batallón entero y organizando eventos varios en los que sirve y sirve comida hasta dejar a la visita rodando, mientras que él se sacia con una mera tacita de caldo y poco más. Por mi parte, solo dicha porque cada antojo de mi vida siempre ha sido satisfecho :)

Hablar de comida mientras se come, las excursiones a lugares puntuales para adquirir productos típicos, el babeo constante con solo recordar algo delicioso o al ver una carta de comida, un capítulo del MasterChef o el canal de cocina. Todos estos son rasgos típicos de este característico comportamiento que conmemora al gordito interno.

A veces lo superamos y decidimos vivir con ello y verlo con humor. Otras veces lo seguimos sufriendo en silencio. Otras, lo compartimos con nuestros lectores en forma de blog. Total, cada quien tiene su forma de llevarlo con orgullo o de combatirlo ferozmente. Lo importante es que, tal y como alguna vez lo pensamos entre chiste y chanza a manera de campaña publicitaria, podamos "Llevar un gordit@ en el corazón". Los invito a postularme para que me concedan la autoría de este avance etnocientífico y logremos por fin concretar la campaña nacional e internacional ;)






martes, 7 de abril de 2015

XXIII --> #ImNoAngel

Como hay gente para todo, me encuentro con este artículo que habla de la reciente campaña de Victoria´s Secret que tuvo que ser retirada de los medios, pues aparentemente mostraba a sus ya consabidas modelos famélicas y al parecer, no enganchó con los internautas y otras marcas, que vieron la oportunidad perfecta para lanzar sus propias campañas y apoyar la diversidad de cuerpos.



Con el hashtag #ImNoAngel se ha hecho cualquier cantidad de comentarios movilizando opiniones alrededor del mundo en contra de los estereotipos del gigante de la lencería. En redes como Twitter hay opiniones a favor, en contra, en broma. En Instagram aparecen modelos y no modelos hablando de lo que piensan al respecto. Basta con echar un vistazo para encontrarse cualquier cantidad de información.






(Si no te abre, Ver vídeo aquí)


Ya en alguna entrada anterior hablaba de los estereotipos y los imaginarios de belleza, y de cómo los construimos culturalmente gracias a un sinnúmero de bombardeos mediáticos y publicitarios en los que nos indican qué es supuestamente bueno y qué es supuestamente malo. Creo que esta vez, más allá de lo bueno y lo malo concebido en nuestras cabecitas, me importa y preocupa el tema de salud. El sobrepeso y la obesidad son causas primarias de muchas de las enfermedades mortales como diabetes e hipertensión.

Aparentemente, todo en la vida nos ataca por gordos y estresados. Al menos en mi caso, los galenos no le dan crédito a nada más. Y aunque conozco flac@s con los mismos males, creo que al sufrir de sobrepeso nos exponemos a un sinnúmero de males que pueden afectar desde nuestra estructura ósea (rodillas, espalda, etc) hasta nuestras funciones vitales del corazón, el hígado, páncreas y tantas cosas más.

Me gustan estas campañas que generan consciencia sobre lo superficial. Pero me gusta mucho más que seamos consecuentes con lo que queremos para este motor de nuestras almas que es el cuerpo que nos han regalado, tan perfecto y maravilloso que nos permite cada día respirar, movernos, sentir y vibrar.

No seré un ángel pero tampoco quiero serlo prematuramente por no cuidarme lo suficiente. Quiero encontrar el balance entre lo físico, lo mental y lo espiritual, sin excesos y sin falencias. El camino no ha sido fácil, pero no puedo renunciar. Un mantra de cuidado se ha instalado en mi organismo y me exige cada día más. No me verán regodeándome en cucos a blanco y negro, pero les puedo asegurar que este angelito promete cuidarse cada día más y aportar un granito de arena sembrando el gusanillo del cuidado con estas letras para que todos los que me rodean también hagan lo propio. Así que mucho juicio y voluntad.

domingo, 5 de abril de 2015

XXII ---> Lactofobia



No es normal. Somos la única especie que tras los primeros años, seguimos consumiendo este producto, y encima, de otro mamífero. Mal es mal. Yo lo he tenido claro desde siempre, gracias a mi eterna sabiduría: desde que solté el envase natural materno, no se me ha ocurrido asomarme, siquiera ver, a ese líquido blancuzco que tan loco vuelve al mundo a diferentes horas del día y en diversas presentaciones. 

Me encuentro este artículo en mis frecuentes navegaciones feisbukianas y me reafirmo: guácala fuchi. Sin embargo, uno de los principales traumas vencidos con esta dieta, desde sus inicios, es la ingesta dos veces al día de una malteada blancuzca y espumosa. De entrada, cuando llegué por primera vez a consulta y me contaron del mentado batido, dije no. Y un NO rotundo. Pero, claramente, no podía comenzar un nuevo proceso negándome a una de sus bases desde el inicio.

¿Que hice? Me compré un termo. Un lindo y colorido termo que esconda lo que no quiero ver. También, decidí modificar la dichosa malteada con algo más que me escondiera la textura y el sabor. Y es así como, ahora bebo al desayuno y la merienda, una deliciosa malteada llena de proteínas, nutrientes y aminoácidos con zumos de frutas  y semillas de chía que me aporta todo lo que debo tener encima. Y la verdad es que funciona bien: alimenta, llena y te hace sentir saludable.

Mi madre intentó camuflarme la leche en gelatinas, mouse, jugos y demás recetas con pobres resultados en su infinita preocupación por mi crecimiento y mi supuesto bajo calcio. Y si así no más alcancé este tamaño, imagínense lo que hubiera sido de mi humanidad con más nutrientes. No comía helado de vainilla, y de hecho, ninguno de otro sabor si se derretía. Ni hablar de las malteadas, jugos en leche o las merengadas. Odié con el alma los miles de intentos de dieta con el tal "herbalife" y sus macabras malteadas de sabores para pasarse 35 pastillas al día. Cuando me operaron del esófago, no la logré con las tres latas de "ensure" que tenía que tomar como complemento proteínico ante mi imposibilidad de tragar durante meses.

Total, tras muchos intentos y sendos traumas, mucho renegué de la dichosa malteada y su espumosa y blanca apariencia, pero ahora es un hábito que disfruto y que mi cuerpo pide a gritos a sus justas horas. De hecho, tengo una buena mano para la mezcla de ingredientes y cada día me quedan mejor. Una prueba más en este recorrido que me permite entender que las limitaciones las tenemos por maña, por vicio o por mariconadas varias. Nuestra voluntad es el poder que nos lleva a hacer lo inimaginable y a convertir nuestros sueños en proyectos de vida, al tiempo que dejamos atrás los impedimentos que sólo están en nuestra cabeza y que hemos asentado con años y años de hábitos. Nada que no se pueda cambiar.

De mi supuesta lactofobia ya no queda mucho. Poco a poco he podido dar pequeños pasos en la tolerancia a los líquidos blanquecinos. Ya no muero de asco con solo pensar en ello. Ya he dado muchos biberones a mis sobris y soporto ver que el/la de al lado lo consuma. He hecho hasta mi propia leche de almendras. Este es un pequeño paso en mi humanidad, pero uno grande en mi universo de cambios. Y vamos a por más.





jueves, 2 de abril de 2015

XXI --> Inspiración

Perdí la inspiración por unos días, pero heme aquí de vuelta. Y con inspiración no me refiero solo a la literaria: también he pecado. Hace unas semanas decidí darle un tiempo al ajetreado tren en el que me movía. Dieta, ejercicio, control de la maldita báscula. Estaba volviendo a la obsesión del gramo a gramo, sintiéndome culpable por meterme una esquina de menta en la boca. Así que, untado el dedo untada la mano, y aprovechando mi ya mentado viaje a costas caribeñas, me inauguré con una deliciosa arepae´huevo que me supo a gloria. Sería la grasita, su masa, el suero o el ají. Tal vez todo. Y nada.


A diferencia de otras tantas dietas, algo me ha quedado en el organismo que ya no puedo controlar. Llevo un desmedido afán por recompensar a mi cuerpo si la cago. Si como algo de más, lo compenso en la siguiente comida, haciéndola más saludable o bien, matándome un poco más con el ejercicio. Difícilmente puedo perder la consciencia de lo que he logrado hasta hoy y llevo tatuado en la frente que no hay vuelta de hoja. Encima, cada vez que como algo pesado, mi estómago me lo recuerda por varias horas, a veces días. Y no solo mi estómago. Quienes me rodean preguntan si puedo comer esto o aquello, si he dejado la dieta o sigo firme. Y firme estoy.

Mis decisiones son mías y de nadie más. Así lo he hecho y lo haré siempre. Y más si hablamos de mi cuerpo. Que ya sé cuánto pesa y soy yo quien lo cargo. Por eso no admito ni admitiré opiniones al respecto. Al menos no aquellas que se producen desde el juicio sin razón. Pienso que todos deberíamos ganar esa autonomía y hacerla respetar.

Total, que esto es solo un breve receso para tomar impulso. Tras la Semana Santa pienso retomar mis estrictos días escasos de excesos para comenzar a ver de nuevo los resultados. Por lo pronto no me he subido, pero tampoco he bajado. Así que nada hago si no avanzo.

En otros titulares, este mes ha sido más que provechoso. Muchos insights que me han permitido entender con claridad cosas de mí misma que no había querido ver o simplemente no comprendía. De ahí mi silencio por estos lares. Pero prometo tener avances en modo reflexión que espero compartir con ustedes, tal y como lo he compartido con aquellos con quienes he tenido la fortuna de divagar entre pensamientos, sentimientos y emociones por estos días.

Por lo pronto, feliz semana de pasión, busquen su propia inspiración.


PD/ Y recuerden: de rodillas no es pecado ;)




domingo, 15 de marzo de 2015

XX --> La edad de la felicidad


"Un estudio de la Universidad de Yale fija la edad de la felicidad a los 34 años teniendo en cuenta que se trata del momento en el que, en líneas generales, se suelen estabilizar las relaciones de pareja, se consiguen mejores puestos de trabajo o se perciben aumentos de sueldo".

(Revista Mujer Hoy, 12 de marzo de 2015)


Pues eso. Me he encontrado con esta grandísima perla en las lecturas feisbukianas de estos días y quisiera dejarlo a consideración para saber si quienes ya llegaron a este grandioso número ya sienten que abrazan a manos llenas la felicidad o si aquellos jóvenes contactos ya la alcanzaron de manera prematura. O si ni lo uno ni lo otro, que también es una opción.

Muchas veces confundimos nuestros niveles de felicidad con salud, dinero y amor en estados de abundancia. Una poca de éxito, libertad y placeres variopintos tampoco nos viene nada mal. Pero resulta que ni la vida es perfecta ni siempre tenemos lo que queremos. Cuando conseguimos algo que anhelábamos con locura, solemos ponernos nuevas metas en ese ejercicio interminable de inconformidad persistente. 

Creo que hace parte de nuestra humanidad querer más y en fijarnos nuevas metas, en parte, porque no siempre somos conscientes de nuestra vida si tuviéramos menos. De pequeña, solía quejarme con mi madre de mis piernas gordas. Lloraba porque todas las niñas tenían piernas flacas y yo tenía sendos perniles dignos de mordisco de tía. Ella, que siempre ha sido muy sabia, lograba hacerme sentir mejor con esa lógica retorcida de toda madre: "deberías mejor agradecerle a Dios que tienes piernas, así creas que son gordas.....¿cuántos niños en este país no tienen piernas? Y con ello, lograba hacerme sentir lo suficientemente tonta como para preocuparme por nimiedades estéticas por encima de problemáticas realmente graves en un país en guerra. 

Desde entonces, cada vez que me quejo de mis muchos defectos físicos (y ni hablar de los psiquiátricos), prefiero retomar la lógica progenitora y agradecer por lo que sí tengo. Un ejercicio que he ampliado a otras facetas de mi vida: me quejo de mi trabajo, pero al menos tengo uno; me quejo de mi dieta, pero al menos tengo qué comer; me quejo de las peleas con mi familia, pero al menos los tengo vivos, cerca y queriéndome a pesar de mí misma. Y así con tantísimas cosas en un sinfín de quejas y reflexiones propositivas que contrastan entre sí mismas. 

Creo que a mis 34 he encontrado mi felicidad en pequeños momentos, en recuerdos y olores, en viajes y amigos, en sobrinitos y sobrinitas que llenan de amor puro con su mirada y sonrisas. Salud, dinero, amor y éxito son importantes para sentirse pleno y poderse ocupar de las verdaderas cosas de la vida, dejando atrás todo aquello que con esfuerzo y suerte, también se puede alcanzar.

La verdadera sensación de bienestar la encuentra cada quien a su modo, según sus parámetros y sus conveniencias. De ahí que, como cite el artículo, en esta época -años más, años menos-, "nos fijamos nuevas metas y nos sentimos mejor con nosotros mismos". Una realidad que no se aleja de este proceso que vivo a mis 34 y que acomodo a mis necesidades que distan bastante de las ya mentadas alternativas banales.


Y tú, ¿cómo te  sentiste, sientes o quieres sentirte a tus 34?

domingo, 8 de marzo de 2015

XIX --▶El chulo

Escucho música que conozco a la perfección. La torre de parlantes de más de tres metros que tapa un poco mi vista sirve también para ocultarme de eso que me estoy perdiendo. Quiero llorar, pero no quiero dañar la noche que transcurre lenta y dolorosa. Como si eso fuera posible.  Se me han roto las medias veladas con una puntilla salida de la mesa al intentar pararme para ir al baño. Y por lo mismo, no he ido. Estoy sola en una mesa para 10, perdida entre los parlantes y mi propia sombra. Todos están fuera de mi vista, sumergidos en la marea de cientos de personas que se agitan al son de Juan Luis Guerra, Wilfrido Vargas y Maná.

Tengo apenas 13 años y hoy es la noche de mis muchas primeras veces. Primera vez que salgo de noche, que salgo con un chico, que voy a un Prom, que me visto de gala, que uso tacones, que llevo medias veladas negras, que paso por un salón de belleza horas eternas entre peinado, uñas y maquillaje.

Los preparativos habían comenzado unas semanas antes cuando uno de los tantos galanes de mi hermana, la había convidado a ser su pareja en su fiesta de graduación. Ella, muy considerada, le había dicho que sí con una condición: que me consiguiera parejo para asistir al mentado baile. Y así lo hizo el ganoso adolescente. Yo, emocionada igualmente, había exigido ir como una princesa, con todo nuevo. Un gusto que mis padres jamás me negaron. Y allí estaba yo, sentada sola, viendo a la gente bailar y disfrutar en la noche de sus sueños, la noche de mis pesadillas.

Cuando llegaron los galanes, salió mi hermana, estupenda en su traje y ellos, muy majos en el consabido smoking de alquiler de Unicentro, hicieron esfuerzo para no descolgar sus mandíbulas al nivel del piso. Mientras tanto, yo veía la escena, escondida y muerta de temor por esa primera cita.
Mi parejo, alias "el chulo" (de ahí ya tenía que haber aprendido a sospechar), al verme solo atinó a decirle al de mi hermana: "¡jueputa, me sacó a una gorda!" Y con esto inició mi noche. Respiré  profundo y ne hice la loca, como si no importara lo que acababa de escuchar. Bajó rápido del taxi para que no lo vieran llegar conmigo, ingresó solo al centro de convenciones y me dejó sentada el resto de la noche en la misma silla de esa mesa escondida desde las 9pm hasta las 3am, cuando mi hermana por fin desistió de bailar una más.

Algunos meses después, no por éste, sino por otro mucho más guapo, y ojo a esto, diyei, decidí emprender una de las muchas grandes dietas de mi vida, en la que iba no menos de 5 horas al gimnasio y solo comía una vez al día. Claro, a los 14 uno no es tan docto en procesos saludables y balanceados. Ya con 30 kilos menos, un día caminaba por Unicentro, cuando alguien me llama por mi nombre: era el queridísimo chulo. Me dijo que estaba muy cambiada (¿en serio?), pero yo me sentía igual. Al fin y al cabo, solo había cambiado el empaque, de resto, era la misma niñata tímida e insegura (aunque no lo crean) que quería poder conocer gente a una edad en la que es indispensable tener aprobación social y formar parte de un entorno regularmente de pendejos que aparentaban ser lo más, cuando uno a esa edad no sabe ni quién es. 

El ahora galán quiso invitarme a salir. Me rehusé con una sonrisa. Ya no estaba interesada en alguien que no pudo ver más allá del empaque. Me despedí cordialmente y me fui caminando por la salida número tres. Al girar ahí estaba mirándome, con cara de entender lo que sucedía, pero su tiempo se había acabado esa misma noche de prom. Desde esa primera cita supe que nadie que no lea en mi interior iba a valer la pena o tener el más mínimo chance. Y  aunque no por ello dejé de cagarla una y otra vez con cuanto ser se me antojó, tengo claro que ahora voy encima del parlante liderando la fiesta y nunca más detrás de él.

sábado, 28 de febrero de 2015

XVIII --> #Delgordo

¡Mi Marce, cuando termines de bajar todo ese peso que tienes encima, vas a estar divina!

(Y he aquí la imagen mental en ese momento)


- Siempre lo he estado. No por estar gorda me he sentido menos guapa, le respondí, mientras un tercer colega me abría los ojos como par huevos fritos.

Conversaciones de pasillo con una colega de trabajo, Ministerio de Defensa, miércoles en la tarde.

Este es el tipo de frases con las que lidio en mi día a día, y de las que tanto me he quejado en otras entradas. No entiendo a estas alturas cómo la gente con dos dedos de frente aún espera que uno tome de buena manera ese tipo de comentarios atados a imaginarios de flaco = bueno y bonito, gordo = malo y feo. Respiro profundo, intento no ser muy sarcástica en mi respuesta y envío esa sensación de malestar hacia la luz para que sea transformada en luz para mí. Este ejercicio, muchas veces, porque realmente me sacó la piedra y solo que ría saltarle encima a lo Ally McBeal y llegarle a la yugular.

Hace unas semanas mi querido amigo Ricardito, publicó en su muro de Facebook un artículo que tenía en mis borradores de este espacio porque me parece muy interesante para reflexionar: el diario El País de España, hablaba de Los siete rasgos de un "delgordo". Aparentemente, un "delgordo",  no es otra cosa que un "skinny fat", esto es, una persona delgada que guarda depósitos de grasa concentrada en ciertas zonas. Esto es, básicamente todo el mundo. O todo el mundo que no sea gordo del todo ni flaco del todo.
t
Inclusive Time ha recodado cuán de moda anda por estas días en las redes el tópie los "skinny fats" y de cuánto se habla sobre estos incómodos gordillos para los no bien denominados "flacos". Y para que me crean, me permito citarlo: A la etiqueta de delgordo 


se han apuntado docenas de tipos de personas: obesos que, gracias a copiosas dosis dle ejercicio, se encuentran en un peso razonable; gente delgada con papada; gente que está generalmente sana pero a la que un atisbo de tripa le ensombrece la cadera; gente que no se cuida para nada pero solo se adolece de un cierta esponjosidad en las caderas; gente atractiva cuando está vestida que revela que todo era cosa de la ropa; gente eternamente atrapada en una dieta... (Buzzfeed)

Creo que conozco gente en todas y cada una de estas situaciones y de seguro ustedes también. Esto nos lleva a pensar que el tema del peso y de la imagen no es exclusivo de quienes sufrimos de un sobrepeso u obesidad. Es un tópico que nos afecta a todos, en algún momento de nuestras vidas, o en muchos momentos de manera permanente y pareja. Y el que se descuide, lleva.



Cuando pierda todo ese peso, querida colega del gremio, lo más seguro es que siga penando por las carnes sueltas, los estragos de mis excesos y las estrías que me recordarán, día y noche, noche y día, que de ser gordo a #delgordo no hay mucho trecho, pero sí un esfuerzo muy extenuante, no por la dieta ni el ejercicio, sino por evitar cometer crímenes varios por los comentarios de gente como tú. Y menos mal no leo pensamientos.

Lo de guapa lo cargo en el espíritu, que sin duda alguna, es lo más guapo que planeo conservar en este camino. Lo del-gordo se corrige, la falta de consciencia y la imprudencia difícilmente se puede echar para atrás. Por eso, Su Majestad la Reina sí me comprende.,




jueves, 26 de febrero de 2015

XVII --> A mi querido público

Cada vez que recibo un comentario que no espero de algún lector oculto que sí se atreve a hablar, me emociono como si ganara el Oscar. También lo hago con los que sí me espero o los que sin falta llegan para hacerme la vida más feliz. Estos pequeños logros me han permitido retomar el contacto con muchas personas en Colombia y alrededor del mundo que siguen estas letras y se ven identificadas de alguna u otra manera. En contraposición, curiosamente algunos de mis círculos más cercanos ni han contemplado medio título de estos pensamientos rotos.

Comentarios y likes en el blog y en el feis, mails, chats, conversaciones por teléfono o en persona. Cada uno llena mis ganas de seguir adelante con su especial forma de darme el ánimo y de sentirse cómplice de esta aventura que inició hace poco más de tres meses y nos tendrá algunos días más ocupados entre el sudor, la lágrima, la anécdota y la balanza. Ya voy de cabeza y con tanto cariño, siempre me pienso doble el renunciar.

Desde entonces, ya casi alcanzamos las dos mil visitas en más de 15 países (cifras que me aporta Google Analytics y que puedo evaluar a mi gusto por días, semanas, meses, países, entradas, etc); un impacto que jamás pensé alcanzar. Pero más allá de las cifras, lo que más me llena es saber que del otro lado de la pantalla hay alguien sintiendo una experiencia viva de lo que siento y pienso, y que de alguna manera contribuyo al pensamiento colectivo para que seamos cada día un poquito mejor.

Me sorprende gratamente la lucha que cada quien libra con su yo. Su yo físico y su yo interior. Creo que nadie está exento a evaluar continuamente su paso por estos lares y el impacto que causa en el camino. Para sí mismo y para los demás, para su entorno.

Me anima saber que mis letras inspiran, agradan e identifican. Espero seguir recibiendo su apoyo, sus pensamientos y por qué no, sus sugerencias para que hablemos de todo aquello que queda en el tintero o que simplemente no he contado aún. Falta mucho por contar, mucho más que kilos por bajar. Gracias, sencillamente gracias. Hacen cada día de esta jornada, un recorrido mucho más feliz.




PD/ Pueden seguirme y dejarme sus comentarios en este mismo blog, al final de cada publicación. Gracias :)


sábado, 21 de febrero de 2015

XVI --> Agüita Aromática

- Señorita, si va a pedir aromática, mejor le reservo una mesa en El Pomerigio. Aquí, lo más aromático que tengo es la Ginebra.

Mesero de confianza, 6.17 pm en Pravda, el bar de siempre. Viernes, semana 10.

Creo que ni el propio John ha podido aceptar que mis días de beodez y demás excesos han terminado. Es muy difícil luchar contra los paradigmas que uno crea acerca de sí mismo. Llevo años y años de fiesta, juerga y descontrol. Llevo una larga cadena de amores en el camino. Llevo un largo prontuario de noches infinitas, paseos y charlas al tenor de varios excesos. 

En estos días me he encontrado con varias personas que no veía hacía mucho tiempo. Es una delicia retomar a los amigos que siempre están ahí. Para todos y todas ha sido sorprendente encontrarse con una nueva yo, que bebe té y come lechugas. Que prefiere planes de teatro, onces y caminatas, lejos de sus tardes de pubs y martinis. A mí misma me cuesta creerlo. Prefiero evitar los planes pasados, pero eso no implica que los deje de hacer. Igual, tengo que ser consciente que mi entorno no ha cambiado como sí lo he hecho yo. Y que no por ello, dejaré de estar con la gente que tengo cerca y acompañarlos a sus planes favoritos, tanto como algunos lo hacen ahora con mis nuevas rutinas.

Lo difícil ahora no es intentar convencer a nadie, lo que me tiene sin cuidado, sino soportar las eternas jornadas de explicaciones y recomendaciones. Todo el mundo tiene algo que decir cuando se hacen cambios tan radicales, pero pocos se han atrevido a hacerlos. El cura predica pero no aplica. Y ni hablar de los que se pasan en comentarios. Todos me dan ánimos y me felicitan, pero sé que en el fondo más de uno no me tiene mucha fe. Todo muy comprensible dado mi alto nivel de renuncia. Pero como ya lo he dicho antes, intento hacerlo mejor, un día a la vez.

Presiento en la mayoría de los casos una preocupación superior por ratificar creencias y experiencias de terceros para generar empatía con este nuevo rol que tanto me cuesta. Y lo agradezco, pero no siempre tengo una buena disposición de escucha. Al menos no en los días en los que tengo ataques de desespero pensando en los días que pasan entre el estrés, el hambre y las negaciones, y los benditos kilos que no se bajan pese a tanta dieta, privaciones, frustraciones y ejercicio. Pero de eso no tienen culpa mis sabios consejeros.

Sé que han sido muchos los episodios en los que he intentado hacer un cambio de vida. El tema es que nunca había sido algo tan radical como ahora. Cambiar todo, dejar todo y asumir nuevos hábitos no es fácil. Mi genio cruza los altibajos de la abstinencia. Y de la impotencia. Pero acá seguimos, aromática en mano, tomando energía de donde la haya, escuchando todo lo que me tengan que decir y prefiriendo el Namasté al No-Más-Té.


- ¿Cuándo termina la dieta? Pregunta John.
Cuando sea necesario. Le respondo.



sábado, 14 de febrero de 2015

XV --> Modelos


Te invito a un café
- Listo profe.

--Yo voy con ustedes.

Obvio, mi candidato a novio no me iba a permitir salir sola con el profe que claramente me estaba echando los perros desde el primer día. El semestre ya terminaba y a mí me parecía la mar de entretenido. Toda una eminencia hacía tremer de celos al galán.

¿Te puedo decir algo?
-¡Claro!

(y ojo a ésto)

"Tu naciste en la época y el lugar que no era... Serías una diosa en Taipéi. Una diva en los sesentas"

Todo un piropo viniendo de uno de los más prestigiosos periodistas de este país. Por mi parte, solo risas ante semejante ocurrencia.





Entre tanta cosa que rola por las redes, me topé con este vídeo que recuerda cómo nos hemos ido acostumbrando a diferentes estereotipos de belleza. Ajustamos nuestra mente para pretender que nuestros cuerpos sean como los que vemos en la publicidad que nos invade. Y nuestra realidad es otra. Nuestra genética determina cómo somos  y hasta dónde podemos llegar. El resto, una poca de bisturí. Para las perfecciones, rezar porque no queda de otra.

Hay quienes desean arriesgarse y romper los esquemas. Tantos y tantos prototipos que se implantan como cualquier otro producto de consumo masivo. Algun@s triunfan, otr@s no. A veces me pregunto qué hace falta para convertirme en modelo de tallas grandes. Luego recuerdo que ya lo fui.

Esta es una de esas anécdotas que pocas personas saben de mí. Hace algunos años, una amiga diseñadora organizaba un "Fashion Show" para promover empresas bogotanas, patrocinadas por la Alcaldía y la Cámara de Comercio. El día antes de su gran día, la modelo de pasarela de tallas grandes le canceló. Abatida, y sin muchas opciones en su agenda de modelos de talla 14, me llamó. Tras varios argumentos acudiendo a nuestra amistad, accedí. Y ahí estaba yo unas horas después, ensayando en una pasarela de varios metros de largo en el Hotel Tequendama, llena de focos de luz, cámaras, meseros y una audiencia de más de cien personas. En esa ocasión, tuve siete salidas con la ropa de tres empresas que fabrican productos para tallas "grandes".

Aparentemente lo hice tan bien, que al final del evento, ya haciendo vida social en el cóctel, me buscaron de dos agencias de modelaje para pedirme mi tarjeta. Ninguno creyó que no lo hacía de manera profesional y que era la primera vez que me encaramaba en una tarima para hacerlo. Yo, divertida, me hice la loca y me fui. Fue una gran noche. De hecho, por ahí debe haber evidencia en fotos y un vídeo del magno evento. Para mi fortuna, no sé dónde, ni tengo copias.

Cuando veo vídeos como éste o noticias como las de las modelos de tallas grandes, siempre recuerdo al profe. Probablemente sería una diva en décadas pasadas. Pero hoy, aquí y ahora, ya me siento como una. Y creo que siempre lo he sido. Mis credenciales de modelo de pasarela así lo ratifican. ;)
Ojalá todos estuviéramos satisfechos con lo que tenemos. Somos una creación maravillosa en cada célula de nuestro cuerpo. Adiós estereotipos. Bienvenido todo modelo a seguir de una vida saludable.






domingo, 8 de febrero de 2015

XIV --> Soltar

Cuando se eleva una cometa, si se sostiene muy fuerte la cuerda, lo más probable es que al poco tiempo la cometa se caiga; si se suelta mucho, puede que se pierda en el aire. Esta metáfora me la enseñó mi papá a mis tiernos 18 años para explicarme por qué me reprendía tan severamente con el fin de que terminara una relación con mi adorado tormento de la adolescencia. Y creo que para darme una lección de toma de decisiones porque ya era mi hora de hacerlo, dado que él ya no podía hacerlo más por mí.

Crecer es muy duro. Lo es desde pequeños y es una sensación que no abandona. Todo lo que nos parecía bueno y perfecto, va cambiando de formas tales que a veces ya ni lo reconocemos. La cometa se eleva en muchos aspectos. El ejemplo más cercano son los amigos: los hay de toda la vida, de momentos especiales, los rateros (a ratos sí lo son, a ratos no); los que sin hablarse o verse siempre estarán ahí como si el tiempo no pasara. Los que aún lejos, siempre están cerca. Los que algún día lo fueron y ya no. Todo cambia y nosotros a la par.

Parte de mis excesivas carnes está asociada, desde el lado espiritual, a todo lo que acumulo. Aparentemente no soy buena para decir en la cara lo que pienso y siento y me la paso tragándome todo. ¿Se imaginan? O soy una actriz profesional que aparenta siempre estar feliz y tranquila, llevar una vida deliciosa, mientras los problemas me carcomen como una enfermedad silenciosa.  Aparentemente me carcomo con mucho de lo que pienso y siento. Así, como una cometa en pleno agosto, tranquila, serena, indiferente en el cielo. De ahí que parte del año pasado, me la hubiera pasado entre la cama, urgencias y los laboratorios, para finalmente saber que no tenía nada. Y tenía de todo.

Parte de mi terapia es sacar esos sentimientos de mí y enviarlos a la luz, ofrecérselos a Dios o al Universo. Suena fácil, pero no lo es. Identificar el más esencial de todos los sentimientos cada vez que me salgo de mis casillas, que no es poco, me lleva siempre al mismo lugar: rabia o dolor. Pero si hago bien el ejercicio, sufro de tantos egos como existen: inseguridad, impotencia, envidia, egocentrismo, juicio, incapacidad, soberbia, culpa y tantos otros martirios. A todos los quiero sacar de mí, a todos los quiero fuera de mi vida. Todos me invaden y todos me acompañan día y noche, noche y día. Ojalá se fueran cual cometa...

El trabajo al que me dedico no ayuda. El momento de mi vida en el que estoy tampoco. Pero acá estamos, intentando ser cada día la mejor versión de mi misma. Es curioso cómo la vida nos va mostrando el camino. En las capacitaciones del trabajo, termino aprendiendo de inteligencia emocional en la misma semana en la que inicio la terapia de soltar. Días después pasan cosas en mi vida que me obligan a soltar. Suelto y crezco. Al menos eso deseo.

Sostengo y suelto mi propia vida de cometa. No quiero irme del todo, tampoco caer. Es difícil encontrar la justa medida, el punto medio, el momento exacto en el que debo soltar o debo retener. Seguro fallaré en el intento. No importa, volveré a correr para hacerla volar, que es lo que importa y donde quiero que esté. El cielo es azul e inmenso, tanto como la vida misma. Y crecer, crecer no es nada fácil.


jueves, 5 de febrero de 2015

XIII --> 66 días

Pues sí. Cuando uno está envideado en sus propios temas, recibe información de todo tipo. Mis queridos lectores me retroalimentan permanentemente y algunos menos esquivos, me comentan sus propias luchas contra los kilitos de más y sus problemas de salud por diversos medios.

Hace algunos días encontré en Facebook un artículo online del Wall Street Journal, cuyo titular afirma:

Según su autor, todas aquellas buenas acciones y recientes propósitos del nuevo año se ven opacados durante la tercera semana de enero. Las cifras del estudio demuestran de esta manera, cuán difícil es modificar patrones de conducta en periodos inferiores a 66 días, según University College London.

El estudio es de 2009. Y claro, como no hay mucho de qué escribir en enero, asumo que se ha convertido en uno de los tópicos a reproducir sistemáticamente cada primer mes por los aburridos editores. Reviso en Google y mi sospecha se confirma. Cada año desde entonces, varios portales reinterpretan el mentado estudio, para indicar cuán vagos somos gracias a nuestra inconstancia.

Aparentemente la clave del éxito radica en establecer metas puntuales. "Hacer más ejercicio" no es una meta tan específica, como sí lo es decir "montaré 25 minutos de bicicleta estática todas las mañanas durante el primer mes y subiré 5 minutos cada mes adicional". Como quien dice, hay que meterle gestión de proyectos al proyecto de la vida: actividad, cronograma y responsables para ejecutar esa gran estrategia.

Mis especialistas me preguntaron constantemente al inicio de esta odisea cuántos kilos quería perder. Mi respuesta se ceñía al libreto: quiero ganar calidad de vida mientras pierdo peso, no importa cuánto. Al final, me convencieron que sí era importante tener metas, pues nosotros mismos programamos nuestro cerebro para hacer que las cosas pasen. Así que ahora tengo una "meta" final y una "meta" más inmediata: perder al menos un kilo a la semana durante la primera mitad de la gran cantidad a perder, lo que según mis cálculos, me tendrá una buena parte del 2015 en régimen.

Si bien en el artículo se van entre las tiendas citando ejemplos de por qué la gente fracasa en el intento, por qué la gente renuncia a sus membresías de gimnasio o por qué se desmotivan tan fácilmente, sí me acojo a la regla del 66, no porque el número me parezca sensato, sino porque al mirar hacia atrás, creo que la constancia es uno de los grandes ingredientes en la receta. El cuerpo debe tener tiempo suficiente para acostumbrarse a lo nuevo y de desacostumbrarse a todo lo demás que le hemos hecho en tanto tiempo.

Estoy cerca de mis 66 días y vivo un día a la vez. Siempre pienso en renunciar. Siempre pienso en continuar. Siempre pienso en bajar. Siempre en avanzar. Espero tener la tenacidad de cumplir mi propósito y en los próximos 66 días, reafirmar mis nuevos hábitos y volver a contarles si lo logré.

Bogotá, y hoy cumplo dos meses en dieta :)

domingo, 1 de febrero de 2015

XII --> Recompensas

Por fin he conseguido ir a un control este mes. El agitado enero llegó con más de uno bien recargado y las muchas ocupaciones (por no decir chicharrones) me hicieron cancelar ya dos citas. La tercera es la vencida. Es muy pronto para hacer ejercicio, así que me salto la rutina matutina para arreglarme y salir rápido al odioso encuentro con la infame báscula.

Bogotá amanece tranquila y soleada. Es viernes. Motivo suficiente para tener muy buen humor. No queda casi nada para disfrutar del fin de semana. Mi carruaje amarillo me lleva a través de la ola verde de una despejada Carrera 15. En la clínica, me recibe la nutricionista. Curiosamente, logro tolerarla más que a cualquiera de la media centena anterior. Siempre he tenido inconvenientes con los seres muy muy delgados que me indican qué hacer y qué no, cuando jamás han pasado por una dieta, a leguas. Y esa miradita constante de desaprobación y crítica...

Ya en el consultorio, comienza el interrogatorio tras los saludos de rigor:

¿Cómo te has sentido?
- Cansada, dolores de cabeza, ansiosa.

¿Qué estás comiendo durante el día?
(Aunque no parezca, el resumen es bastante corto)
5 comidas al día: desayuno batido, media mañana fruta, almuerzo lo que me envían de la clínica a la oficina, onces otro batido y cena lo que me envían a casa.

¿Has cometido pecados?
(Uff por dónde comenzamos)-.....- Ah, de la dieta, sí, ¡solo un par!

.. y ya en el momento del ¿por qué?, la verdad, no tenía muchos ánimos de enfrascarme en una discusión que justificara por qué, este nuevo estilo de vida se basa en un sistema de recompensas o compensaciones. Después de tantas maratones dietéticas, he decidido que esta vez me la voy a gozar: comeré antojitos si me provocan, poquitos y siempre compensando con las otras comidas o con más ejercicio. Obvio, sin excederme en antojos, que nunca han sido pocos.Y es que siento que así tiene que ser para vivir una vida tranquila y sin tantas privaciones. Al fin y al cabo, no es tan fácil, si se tiene en cuenta que he dejado casi todos los placeres habituales de mis casi 7 lustros (de 4 años cada uno, ¡obvio!).

Ya encaramada en la potente máquina, que mide hasta los suspiros, y portando nada más que cuquitos y sujetador, sufro de una poca de ansiedad y mareo. Y obvio, frío. Llegó la hora de la verdad. Hoy por fin sabré si los esfuerzos durante el 2015 han sido fructíferos.

Los números se mueven. Respiro. Hago cuentas mentales...

¿En serio?,

¿Se habrá dañado con mi peso?...

Pues no, estaba todo correcto: en 4 semanas bajé 4 kilos para un gran total de 10 kilos en 7 semanas.

La sonrisa de oreja a oreja solo se ve empantanada por el comentario de la nutricionista, mientras me bajo del armatoste:

- Con todo y eso, bajaste muy bien.

¿Con todo y eso? con todo y ese ejercicio, con todo y eso de privaciones, con todo y eso de esfuerzo, pienso. Le pregunto qué quiere decir y me responde, a manera de reproche, que he cometido un par de pecados. Ya lo se, yo misma los he declarado. Pero par postrecillos inofensivos en porciones radiográficas no me van a amilanar en mi meta. Tampoco en la satisfacción de obtener resultados después de tanto esfuerzo. Hoy estoy feliz. Y eso nadie me lo quita. Mi recompensa poco a poco se materializa. Y vamos por más...que realmente, es por menos. Le he declarado una guerra a la infame báscula y se la voy a ganar. Sí o sí.


viernes, 30 de enero de 2015

XI --> Cuesta

Esto cada día es más difícil. Cuesta despertarse antes para hacer ejercicio. Cuesta subirse a la elíptica y ver pasar los segundos lentamente. Cuesta desayunar solo un batido y arrancar el día sin un delicioso café. Cuesta cargar lonchera llena de frutas y termos: uno para la aromática, otro para el agua y el de los batidos. Siento que mi vida es de abuelita. Me siento exhausta y creo que en cualquier momento voy a claudicar.

Cuando se ha vivido de cerca una terapia de rehabilitación, se entienden mejor estos sentimientos. Si a mí me cuesta tanto seguir rutinas y no hacer pecados, puedo entender cómo las personas que tienen adicciones no logran controlar su voluntad. He dejado todo lo que me ha gustado en la vida y en lo que me he desmandado con ganas infinitas: comida, bebida, cigarros, café. Todo al tiempo.

Creería que es natural que a veces me levante como el demonio de Tasmania, otros días como perrito Giordano, otros como osito cariñosito y probablemente mi humor más frecuente se asemeje al de la bruja de Blancanieves que tanto me asustaba en la infancia.

Mi cuerpo afronta muchos cambios. Sé que son para bien pero en el entretanto me vuelvo loca. No sé si es la falta de azúcar, de grasas, de satisfacción mental o cansancio físico con tantas cosas al tiempo. Entiendo que es un proceso e intento seguir adelante. Renunciar siempre es la solución más fácil, pero -casi- nunca es la mejor. Por ahora, respiro, como me han enseñado; me enfoco, para llegar a mi objetivo y avanzo, porque ese es mi medio y mi fin.


martes, 27 de enero de 2015

X --> Cambios



Dicen que el hombre es un animal de costumbres. Y va uno a ver, y sí. Poco a poco nos vamos haciendo a una vida llena de hábitos, algunos mejores que otros. Levantarse de cierta forma, tomar el desayuno antes o después de la ducha, seguir rutinas con quienes nos rodean. Tantas cosas que parecen tan fáciles, pero que cuando nos vemos forzados a cambiar, nos cuestan demasiado.

Vivir cerca a la oficina es un placer que pocos tienen. Por más tarde que despierte, siempre voy a llegar temprano. Mi rutina de los últimos años era simple y sencilla hasta hace poco. Cada mañana tengo más de 20 pasos nuevos que hacer con mi nueva rutina: medicamentos, brebajes, cardio y rutinas de ejercicio, malteada, desayuno y empacar la lonchera. Todo ello antes de la típica sesión de acicalamiento. Total, mis mañanas ahora comienzan más de dos horas antes de que realmente comience el corre-corre habitual.

El cambio de hábitos no viene solo. Cada día intento ser más analítica de lo que me rodea. Veo lo que come mi entorno y después de antojarme, me aterro. Me aterro no a manera de crítica, sino de autocrítica. Creo que durante años he tenido pésimos hábitos de salud en mis selecciones, horarios y cantidades de alimentos, en mis hábitos de parranda eterna y en mis muchas perezas de mover el esqueleto con cierta periodicidad.  Y es que los tiempos cambian, y aparentemente la gente también. Mi facebook se llena no solamente de más fotos de bebés que de rumbas, sino que además, descubro como mis contemporáneos ya no salen los viernes o sábados porque prefieren hacer biking, hiking y toda la terminología gringa para deportes de esos que requieren mucho esfuerzo, estado físico de atleta profesional y una buena gavilla o fierros para practicarlos.

Algunos de mis amigos padres se cuidan de la barriga de marido. Mis amigas intentan nivelar los pecaditos con jornadas extenuantes de gimnasio, yoga o tratamientos milagrosos con el centro de estética de moda. En la  oficina circulan decenas de dietas y tratamientos milagrosos que se recomiendan de boca en boca según se hagan evidentes los resultados. Todo, para resumirles, que el tema del peso, la salud y la apariencia no están fuera de la mente de muchos y muchas. Sé que estas líneas son apenas una somera descripción de tantísimas realidades.De otra manera no puedo explicar tantas recomendaciones y consejos sobre batidos, dietas, fajas, masajes, mesos y demás técnicas milagrosas que le han servido a las amigas, primas y tías de sus amigas. ;)

Esta situación se acentúa en meses como enero, pues los excesos de fin de año han dejado a más de uno con el deber de resarcirse con la infame báscula. Por mi parte, soy la feliz perdedora de casi 6 kilos durante el festivo mes: un acto de valentía en diciembre y de ostentación en enero. Por lo pronto, espero que el "cambio" perdure, al mismo ritmo y por los meses que sea debido. Sé que no serán pocos, ni fáciles, ni muy felices. Pero cambio es cambio, y si yo no cambio, nada cambia.



domingo, 25 de enero de 2015

IX --> De vuelta al ruedo

Ya en casa, me siento exhausta. Han sido días de mucha actividad. Si bien he hecho más ejercicio que en muchos años, la carga emocional ha sido agotadora. Mucho por pensar, mucho por mejorar.  Pero llego renovada y lista para empezar este camino que veo por delante entre la emoción y la consabida dificultad.

Ha venido la familia en pleno a recibirme a la clínica. Me alegra muchísimo verlos. Ya en casa, me recibe mi querido Nené que ha llegado de Brasil y a quien por esta odisea ni había podido abrazar. Les cuento por encima cómo ha sido esta semana, entre risas y detalles más escatológicos que los que aquí describo.

A veces pareciera que la gente cree que uno está gordo/a porque quiere. Creo que si se pudiera escoger, nadie lo estaría. Es un karma que lentamente consume y agota. Por lo pronto conservo mis fuerzas. Claro, apenas comienzo esta odisea de muchos meses de privaciones, inseguridades, logros, felicidad, sudor y llanto.

Y con "apenas comienzo" me refiero a esta nueva dieta. Mi primera dieta comenzó cuando tenía 5 meses de edad y apenas era una lactante de brazos. En ese entonces ya tenia peso y talla de una niña de un año, mientras que solo tomaba leche materna. Era un gran bebé, lo que para esa edad es sinónimo de ternura y de suficiencia en cachetes para los pellizcos de tía. Ya cuando te haces mayor es sinónimo de descuido y pocas personas logran entender el calvario que se lleva encima, un peso agotador.

Mañana comienza un nuevo día. Sigo por un par de días con un régimen vegetariano. Tantos días de dieta líquida y actividades varias deben ser manejados con cuidado, pues cualquier cosa de más que coma me puede mandar a la clínica. El cuerpo apenas recibe este cuidado extremo y debo ser consciente de seguir un proceso paso a paso. al final de semana tendré par días más de líquidos y me intercalarán la dieta poco a poco con otros alimentos que recibiré en mi oficina y casa, según sea el caso.

Muero de la curiosidad por vestirme con ropa de oficina y ver qué tan grande me empieza a quedar. Cuánta tela me sobra. Espero sea la misma o tanta más de lo que ya me he quitado encima después de esta jornada de cambios que me ha regalado la vida. Sólo el botón lo dirá.


domingo, 18 de enero de 2015

VIII --> Agradecer

Siento piel fría a lado y lado de mi cuerpo. El aire caliente contrasta con una tierra húmeda y gélida. El ruido del tambor marca el compás de mi corazón a punto de salirme por la boca. No siento las piernas, creo que me voy a desmayar. Respiro. El vapor es muy caliente y los quejidos ajenos angustian el panorama aún más. Como me dé una de mis clásicas crisis de claustrofobia, no habrá forma que me saquen de acá. Entre cuerpo y cuerpo no hay espacio ni para un suspiro.

En el centro, arden grandes piedras al rojo vivo. El más mínimo movimiento para estirarme y me quemo. No puedo ver, solo escuchar, sentir. Siguen entrando piedras hirviendo al centro de nuestro pequeño círculo. El agua que agregan satura el espacio de vapor. Me preparo para lo peor. Decido acallar mi mente y sentir. Huele a hierbas. Respiro profundo y siento un hilo frío interno que me refresca todas mis células. Me conecto fácilmente con el momento y paso a paso, logro hacer lo que me indican.

Concentrada en mis traumas, en lo que quiero dejar, en lo que quiero recibir, en lo que quiero agradecer, siento cómo el calor de las piedras me invade y contrasta el frío del suelo que ya me talla a lado y lado de la raya. Me entrepierno con la de al lado izquierdo. Hago lo propio con la del derecho hasta quedar cruzada de piernas. Siento de nuevo cómo circula la sangre por mis piernas. Y me relajo.

Antes de que me diera cuenta, la sesión ha terminado. Acabo de experimentar mi primer Temazcal, un ritual terapéutico que a través de una ceremonia, nos va permitiendo tomar de la tierra lo que queremos y devolverle a su centro lo que no. La sanación es completamente liberadora. Me siento como el ave fénix resurgiendo de mis propias cenizas, saliendo de la capa que por tanto y tanto se me fue acumulando encima, volviendo a nacer.

Volvemos al frío de la montaña y aún ,solo con un vestido de baño, no siento frío. Me siento más vital que nunca. Por precaución vuelvo a la bata a cuadros que me acompaña todos los pesajes. Ya en el kiosko, nos vestimos e iniciamos la bendición de los banderines que previamente hemos tallado a punta de incienso. Toda yo huelo a hippie. El banderín debe viajar con un mensaje de amor y respeto por la madre tierra, con oraciones de integración y paz. Cuanto más, mejor. Ya hay más de 800 alrededor del mundo. El mío ha de llegar lejos, tal y como se espera que lo haga yo de ahora en adelante. Ya no siento frío, solo calor.




lunes, 12 de enero de 2015

VII --> #Day9 :: Disfrutar

Después de la tempestad, viene la calma. hoy es un día para el disfrute y la reflexión. Muchas cosas han pasado por estos días de líquidos y euforias, de llantos y sudor, de amistad y aprendizaje. Tal vez días difíciles como la vida misma, pero grandes en este proceso de cambio.

Todas las mañanas nos pesan a las 6 am. El desfile de modas está acompañado de blancas piernas con medias gruesas y chancla o pantufla, con una bata a cuadros a juego que tapa todo lo demás. Todos debemos estar en ropa interior para pasar por la infame calumniadora. No nos dejan ver en todo el proceso cuánto pesamos, para que no haya competencias internas (pues cada cuerpo es diferente y por ende, pasa por el proceso de manera diferente) y para que al final la sorpresa sea mayor. Para bien o para mal.

Hoy también, como era de esperarse, nos agasajaron con un delicioso enema. Cada vez es menos grave soportarlo. Como en todo, somos animales de costumbre. Nos han anunciado después del jugo de la mañana, que bebemos agradecidos con la maravillosa vista de la laguna, que el día de hoy estaremos en silencio recibiendo una serie de terapias para mimarnos. El silencio, es una invitación a la reflexión personal, que cae como anillo al dedo tras varios días de catarsis. Los mimos se distribuyen durante el día, para que las agendas de todos no se crucen. El resto del tiempo, podemos reflexionar, escribir, leer, dormir, pensar.

Lo ideal sería dormir después de varias jornadas desde la madrugada hasta bien entrada la noche. Pero mi cabeza da vueltas por todo lo vivido, lo descubierto. Tiendo mi fuerte en el mejor punto para ver la laguna y allí leo, escribo, pienso. Respiro, que no es poco. A las horas marcadas, disfruto de un masaje relajante, de una terapia de Reiki y de alguna película de mucha inspiración.



Sigo en silencio. Para los que me conocen, saben que no es fácil. Pero lo disfruto. Realmente es un espacio que debería concederme mucho más a menudo. Terapia más que recomendada para acallar las palabras y abrir la mente y el corazón.

Antes del atardecer nos llevan al kiosko. Allí comienza la aventura de la noche. El broche de oro para esta jornada de renovación.



sábado, 10 de enero de 2015

VI --> #Day8 :: Respirar

Grito de dolor como si me atravesaran el pecho con una antorcha de púas en llamas. Me falta el aire pero solo puedo pensar en el dolor. Lo que me ha traído hasta aquí es un cúmulo de hechos que creo inconexos, de palabras sin decir, de los besos que no dí y del amor que entregué de más. Intento identificar una sola cosa, mi causa raíz, pero un solo árbol no forma este bosque enmarañado de mi cabeza, tripas y corazón.

Grito e intento respirar. El compás acelerado de mi corazón se oculta tras pensamientos más urgentes que el sentir. Libero en cada soplo, con cada lágrima, todo el baloto que cargo acumulado entre pecho y espalda. Llevo varios días en terapias intensas que hacen sanar mi cuerpo, mi mente y mi corazón. Reto a mi cuerpo cada día y confirmo que estoy hecha de acero. Pero el cambio apenas inicia. Estoy partiendo de ceros.

Este llanto desencajado cesa al ritmo de mi respiración. De fondo oigo los quejidos, las respiraciones y llantos de los demás. La voz de nuestra terapeuta nos devuelve poco a poco a la calma. Vuelvo en mí, agotada, rendida, pero mucho más liviana. Terminamos la terapia de respiración ovárica renaciendo de nuestros propios vientres, abortando todo aquello que no queremos más en nuestras vidas y procreando todo lo que a partir de ahora seremos.

Arden los ojos tras el llanto. Qué mejor manera de dormir, liviana y serena. Respiro. Ya no hay tanto dolor. Respiro.

jueves, 8 de enero de 2015

V --> #Day 6 :: De enemas y otros demonios

El día comenzó muy pronto con un delicioso enema. En esta ocasión, mucho más leve que el primero, gracias quizá a que no hemos tenido nada sólido encima, solo líquidos. Quisiera pensar que es eso y no que la zona se acostumbró. También por la grata compañía. Sí señores, mi compañera de enema se encargó de entretenerme con una entrevista a profundidad sobre mi vida y obras hasta estos veinticatorces, que como ya se sabe para estas lunas, no son pocas. Tranquilos, estábamos en camillas separadas por un biombo. Nada más escatológico que este momento de sinceridad y sufrimiento.

La caminata inició tras el primer jugo de la mañana, rumbo a la laguna. Un terreno bastante inestable y empastado nos obligó a caminar con mucho cuidado entre la naturaleza, la maleza y la pereza. Los bichos y los quejidos geriátricos ambientaron el paseo por el húmedo y embarrado camino.


El cuerpo duele. Del pelo a la planta de los pies. Han sido unos días intensos que nos han sacado de nuestras rutinas para sumergirnos en este cambio de vida tan radical.  Estamos deconstruyendo el templo de males que por años hemos erguido. Hacemos la rutina de ejercicios a la orilla de la laguna, disfrutando el majestuoso paisaje. El aire es puro. el cansancio, también.





La caminata se extiende por parajes preciosos de verdes espesos en todas sus variedades. El ruido de las muchas cascadas y riachuelos que limitan el lugar irrumpe con nuestras respiraciones agitadas y el sudor de todo nuestro esfuerzo. 


Es difícil no pensar en tantos errores y en todo lo que nos ha traído hasta aquí, hasta este lugar en este preciso momento. Cada uno con su historia. Cada quien con sus motivos. Cada quien resarciendo su propio calvario.


Llegamos a la cima por fin. Me tiendo cuan larga y ancha soy sobre el césped aún húmedo por la tormenta de anoche. Miro al cielo y dejo que el sol me irradie toda su energía. Seguimos con nuestras clases de nutrición y por supuesto, todos rajados. Y no es para menos, con la mano en el considere, comemos fatal en cantidad y calidad. Nos hemos acostumbrado a todo lo que nos hace daño. Y lo disfrutamos. 





Caminamos por el huerto orgánico de la finca y hacemos la ruta de la alimentación, montaña arriba y montaña abajo. Aprender es poco frente la constante mención de comidas deliciosas, de esas que no veré ni en pintura, al tiempo que seguimos en una estricta dieta líquida. Este día sin duda, es uno de los más difíciles. 



Clase de yoga, película y a dormir, agotados por la doble caminata. Un día más que termina. Tantos más por delante. 

IV --> #Día5 #ReduFaFa

Recostada en la banca de los músicos intento dormir las horas robadas por las preocupaciones de una semana de ausencia en mi oficina. Dejar todo listo y partir en una época tan congestionada no es tarea fácil. Voy en una camioneta con 6 incautos más rumbo a las afueras de Bogotá. Desconexión total. Desintoxicación al 100. 

Poco pude revisar del material que nos enviaron con las indicaciones para esta travesía. Empaqué cuanto ropa deportiva encontré en mi armario, y tras las compras consabidas de todo lo que me faltaba, me lancé de cabeza a esta aventura incierta pero emocionante. 

La mañana inició muy pronto en la clínica. Tras un par de batidos verdes como el Amazonas, nos invitaron al ejercicio y el sudor. Allí nos hablaban de la importancia de meterle candela a todo el cuerpito, con orden y técnica, mientras mi yo interno no paraba de preguntarme qué hacía ahí. Total, ya estaba pago y era justo y necesario, pensaba, así que untado el dedo, untada la mano. Sigo moviéndome sin mucho ánimo, escuchando las instrucciones y mirando de reojo a mis nuevos compañeros de lucha contra el gordo. 


Recibimos las indicaciones de rigor sobre lo que sería este viaje y sin hablarnos entre nosotros, los pacientes, partimos entre la llovizna y el atasco de las primeras horas de la mañana. La furia gris poco a poco abre espacio a un verde espeso que contrasta con el blanco opaco de cielos a punto de reventar. Subimos una montaña y media hora después, llegamos a nuestro destino. 



La laguna se ve imponente desde esta montaña. El espacio es ideal para este retiro que mi cuerpo pide a gritos hace tanto. Tras desempacar nos dirigimos al kiosko que corona en la montaña. Mi aire, cada paso más escaso, me confirma por qué estoy aquí. Nos presentamos, iniciamos terapia y en cuestión de pocas horas, todos nos conocemos más de los que muchos en años. Lloré, reí, reflexioné. La noche termina cansada de tantas emociones juntas. Solo hemos bebido líquidos todo el día. Tengo hambre, sueño, mal genio. Mucha ansiedad. Pero el cansancio es más fuerte. Me acuesto en estado de congelamiento y poco a poco el calor me devuelve a los sueños hace días perdidos. Con el sonido de la lluvia me dejo llevar. Mañana veremos qué nos deparará.


III --> Día D - Con D de Dieta

Primer día de dieta y pese a mi aparente calma, la ansiedad se dejó ver de principio a fin. Cumplí las reglas del batido pese a mi fobia por la leche y todo lo que se le parezca. Más sufrí preparándolo, que bebiéndolo porque realmente sabe muy bien.Aunque el primero no me haya quedado del todo apetecible a simple vista:


A medio día, ya con mis viandas dispuestas, acompañé a mi amiga a almorzar donde siempre vamos. Tan buena es mi suerte que allí, me calientan y sirven la comida como la mejor de las madres.

Vaya sorpresa nos llevamos al comparar los platos, el del restaurante y el mio de dieta. Ambos muy parecidos, en tipo de alimento y proporción. Así las cosas me dedico a pensar que realmente el cambio es de hábitos y de escogencia en alimentos porque no hace falta mucho más. Ah, y claro está, voluntad de dejar el postre, optar por la aromática en vez del café y no picar más allá de lo evidente.

Allí encuentro una vitrina llena de cafeteras italianas, francesas, de todo tipo. En el fondo de la vitrina, una suerte de termos que llamaron mi atención por sus tamaños y colores. Al final, como sucede con cada vitrina que se abre, termine comprando uno que me permitirá no tener que ver el lactosa batido de las mañanas y las tardes. Es una gran inversión.

Tarde ya en casa, termino de trabajar casi a las nueve de la noche. Cansada, decido cenar y descubro un delicioso plato de comida lleno de colores y sabores que disfruto como el mejor de los manjares. En resumidas cuentas, la comida está deliciosa y de nada me puedo quejar.

Lo único que me preocupa es la inminente violación a la que me veré expuesta vía enema. Pero ya sabía que a los cuarenta no iba a llegar invicta del chorro líquido culo arriba. Me repito en la cabeza "es por mi bien", pero eso no redime la ansiedad y la manera de sucumbir a la mentada lavativa.

Algunos días serán más fáciles que otros. Al menos eso espero. Vamos a por el día dos, porque en las dietas, como con los adictos, todo se logra un día a la vez.

Bogotá, 5 de diciembre de 2014

II --> D-2

La prosa cada vez se me da menos mejor y más peor. Creo que son los nervios y la ansiedad por lo que se me viene pierna arriba.

Difícilmente he tenido un minuto libre para reflexionar sobre lo que está a punto de pasar. Hoy es mi ultimo día de libertad y pese a mis muchos intentos por complacer uno a uno mis muchos antojos de la vida, no he podido cumplir más que unos pocos.

Lo que seria mi última cena, un tipo de recreación de los festines de Baco, se convirtió en una minimalista preparación de la primera cosa que encontré en la nevera.

Y es que mis días previos a este desafío han estado llenos de tanta actividad, que ni tiempo he tenido de reflexionar y organizar mis ideas. Exámenes, valoraciones, donación de 12 tubos de sangre, pasajes y demás actividades diagnósticas, han sido apenas el abre bocas de lo que me espera.

Toda esta preparación ha estado mezclada en un cóctel molotov interminable de trabajo, que me ha forzado además a acelerar prácticamente todo lo de este último mes del año, en sólo 5 días.

Me acabo de tomar el recetario propio de mis rutinas nocturnas y hoy le agregue,  adredre, una pastilla para dormir. Llevo unas noches demasiado inquieta como para descansar, con la cabeza a mil y una cantidad de sueños locos que no son más que el resultado de mi extraña forma de preocuparme.

Se me cierran los ojos mientras intento poner letras ordenadas en mis palabras y armar frases con sentido. Mi cuerpo se relaja pronto y comienzo a fundirme en el centro de mi cama.

Mañana será un día muy complicado. Será el primero de muchos cambios, de los cuales muchos seguro no me gusten...no importa...como dicen los animadores...hay que acostumbrarse al cambio. Como digo yo cada día con su afán...cada loro en su estaca y cada niño con su boleta.

Bogotá, 4 de diciembre de 2014